Linda Greenhouse, flagrante caso de sesgo parcial en información periodística
No sé qué es peor: inventar presuntos datos o hechos en reportajes periodísticos (casos como Janet Cooke,
Jayson Blair, u otros de plagio o invención), o –y de esto se trata ahora- sesgar la información que se ofrece como supuestamente objetiva o neutral en asuntos controvertidos. Esto último, en cualquier caso, es más sofisticado y difícil de detectar.
Ha saltado de nuevo en USA el asunto del "bias" (sesgo, parcialidad) en los periodistas de información. No en los que firman explícitamente sus opiniones como tales. Se discute ahora el caso de Linda Greenhouse, reportera del New York Times, que se encarga habitualmente de asuntos del Tribunal Supremo.
Este verano, en una conferencia en la Universidad de Harvard, Greenhouse dijo en público –un público que acaba de aumentar con la emisión y el comentario de algunas de sus frases en radio (NPR)- que el Congreso americano es una "law-free zone" (como lo son Guantanamo, Abu Ghraib o Haditha) y ha manifestado sus convicciones pro-aborto (diciendo que la "libertad de reproducción de las mujeres" sufre un continuo asalto por parte del "fundamentalismo religioso").
Los comentarios se centran en este punto: ¿puede un reportero, que pretende ser tenido por “objetivo” o “equilibrado” en sus informaciones periodísticas, manifestar públicamente sus opiniones personales acerca de esos mismos asuntos de que informa? Dicho irónicamente, Why not hire O.J. as the crime reporter?
Greenhouse, entre otras cosas, al tratar del Tribunal Supremo, ha escrito -a lo largo de los años- al menos 138 artículos sobre cuestiones relacionadas con el aborto. Y en 1998 ganó un Premio Pulitzer precisamente por sus artículos en el NYT sobre el Tribunal Supremo.
Linda Greenhouse es conocida, si no por todos sus lectores, al menos por unos pocos, como participante en manifestaciones pro-aborto. Y por procurar dar una información cuantitativamente “equilibrada” sobre el tema, aunque no lo fuera “cualitativamente”. Puede leerse un caso concreto: sobre lo escrito por Greenhouse en el New York Times, en enero pasado, la controversia recogida, por ejemplo, en GetReligion, Abortion coverage, part II no se centra en discutir si incluye tres párrafos pro-aborto y tres pro-vida, sino en cómo se titula el reportaje que llega a los lectores, cómo se reflejan las palabras del juez o cómo se organizan los comentarios de terceras partes en el conjunto del reportaje.
En fin, entrevistado Daniel Okrent, que fue el primer "public editor" o "defensor del lector" del NYT, dijo al respecto que "es un principio básico del periodismo… que la ideología del reportero debeser suprimida y sumergida, de modo que el lector tenga absoluta confianza en que lo que está leyendo no está coloreado por prejuicios".
Okrent recordó que el NYT regañó a Greenhouse cuando participó en una gran manifestación pública en Washington apoyando el aborto, en 1989.
También recordó que el NYT tiene un "código ético" de 38 (son 57) páginas, en el que –entre otras cosas- se prohíbe a los periodistas tener acciones de compañías relacionadas con sus informaciones, contribuir en campañas políticas o manifestare en “causas o movimientos públicos”.
El caso es que Linda Greenhouse puede sacar adelante sus “bias” personales, mientras 1) coinciden con los del NYT, y 2) no le plantea problemas de imagen al periódico. Veremos qué pasa en este segundo aspecto.
De todos modos, a mi entender, no pasa nada por tener opiniones o criterios en asuntos sobre los que se escribe. Basta tener el coraje profesional para recordarlo explícitamente, y quizá como un deber que pide excusas, no como engañando ni regañando a los lectores por no participar en ese modo de ver las cosas. Otra cosa, por supuesto, será lo que el periódico (sigo pensando en el NYT, para no generalizar indebidamente) haga con un reportero o reportera así.



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