Universidad (2): superar el aturdimiento de la frivolidad hedonista
La anotación anterior, Universidad: la verdad en tiempos de crisis de cultura e identidad, ha suscitado inteligentes comentarios.
Esto me hace pensar que el asunto del trabajo universitario, cuando -lejos del relativismo y el cinismo- es visto con atención directa a la persona, puede interesar lo suficiente como para traer aquí algunos párrafos sueltos de otra lección académica, hace años escuchada. Son también palabras comprometidas y comprometedoras:
En el origen de los lacerantes problemas sociales y humanos que aquejan en la actualidad a Europa y al mundo, se encuentra ese individualismo egoísta que procede del materialismo práctico, no menos desconocedor [que el materialismo teórico] de la verdadera dignidad de la persona humana. Cuando se olvida que el hombre es un ser destinado a la trascendencia y abierto a la comunidad con sus hermanos los hombres, la solidaridad pierde su fundamento, y la vida social se ve sometida a un proceso de degradación, con consecuencias que afectan tanto a la vida de los pueblos como al orden internacional...
Ante este desafío histórico, la institución universitaria no puede plegarse cómodamente a las fuerzas dominantes, sino que debe sacar de sus propios recursos, institucionales y éticos, las energías necesarias para encontrar soluciones adecuadas a problemas tan acuciantes...
"...Se procura así que -tanto en los años universitarios como al terminar los estudios- [las personalidades jóvenes] aspiren voluntariamente a convertir su vida en una tarea de servicio a los demás y, en particular, a los más necesitados, a los enfermos, a los pobres, a los indefensos. No se trata sólo de fomentar nobles sentimientos de misericordia y compasión. Es preciso, además, ahondar en los fundamentos teóricos y prácticos de la justicia y de la caridad cristianas, para que las soluciones que se vayan encontrando, a través del estudio y de la investigación, contribuyan -en el respeto a la libertad de todos- a configurar unas actitudes de pensamiento y unas virtudes personales que sean fundamento de un futuro más humano.
Lejos de la protesta estéril y del pasivo conformismo, los estudiantes universitarios han de esforzarse por superar el aturdimiento que lleva consigo la frivolidad hedonista...
Para ayudarles en este empeño, es preciso que los profesores dediquen sus mejores afanes a una dedicación personalizada y a una investigación seriamente comprometida con el descubrimiento de las causas que intervienen en los fenómenos sociales y culturales. Porque sólo si se llega a sus raíces antropológicas y religiosas, es posible comprender con hondura la crisis actual, y encontrar vías para que las presentes transformaciones desemboquen en una civilización armónica y fecunda, a la que aspiran todos los hombres de buena voluntad.
Son palabras pronunciadas en el Aula Magna de la Universidad de Navarra, en el acto de colación de Doctores Honoris Causa, el 29 de enero de 1994, por el entonces Gran Canciller de la Universidad de Navarra, Mons. Dr. Álvaro del Portillo. El texto completo está publicado en la revista Scripta Theologica 26 (1994), que no tiene enlace. Véase una referencia en este otro discurso académico.



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