Escritores inconformistas y polemistas, contra el aborto
Es normal que sean, hoy día, escritores y periodistas más bien inconformistas y polémicos quienes saquen a la luz pública la cuestión del aborto. Es decir, la horrible cuestión de nuestros días, ya emocionalmente saturados quizá por el exterminio judío, por la soha judía.
Porque es una cuestión que -cuando se la saca de la oscuridad del torpe silencio en que se encuentra- es natural que genere controversias. No puede ser de otro modo, siendo asunto tan básico y radical.
Giuliano Ferrara, que es un polemista inteligente (quizá esto sea redundancia), ha pedido que -tras la moratoria de la pena de muerte en la Onu- se pida una moratoria para el aborto. Son cosas simbólicas, ya se sabe, pero efectivas.
Ayer mismo, en el telediario de la Rai, TG1, entrevistaban a Ferrara en directo, a propósito de la situación política italiana. Y luego la conductora del telediario le preguntó por este asunto del aborto y la política italiana. Y Ferrara dijo, sin más, que él votará a quien defienda la vida desde la concepción hasta la muerte natural.
El caso es que ahora, el periodista y escritor italiano Antonio Socci ha publicado un libro sobre el aborto, que acaba de traducirse al castellano. Socci es igualmente un polemista.
Hoy, otro escritor polemista, Juan Manuel de Prada (El genocidio censurado), recoge y comenta lo escrito por Socci. Y recuerda palabras de otros dos escritores, tan polemistas como polémicos, que casualmente dicen esto sobre el particular del aborto:
(...) Norberto Bobbio, el gran jurista y filósofo turinés, a quien nadie podrá acusar de complacencia con las tesis católicas, sobre el aborto: «Hay tres derechos. El primero, el del concebido, es fundamental. Los demás, el de la mujer y el de la sociedad, son derivados. Además, y para mí esto es el punto central, el derecho de la mujer y el de la sociedad, que son de ordinario adoptados para justificar el aborto, pueden ser satisfechos sin recurrir al aborto, es decir, evitando la concepción. Una vez ocurrida la concepción, el derecho del concebido solamente puede ser satisfecho dejándolo nacer. (...) Me sorprende que los laicos dejen a los creyentes el privilegio y el honor de afirmar que no se debe matar».
Y Pier Paolo Pasolini escribió: «Soy contrario a la legalización del aborto porque la considero una legalización del homicidio. Que la vida humana sea sagrada es obvio: es un principio más fuerte que cualquier principio de la democracia». Glosando a Pasolini, podríamos preguntarnos si una sociedad que no considera sagrada la vida humana puede calificarse de democrática. (...)
El caso es que hay que escuchar y leer a estos autores, que se niegan a volver la espalda ante estas miserias de nuestra cultura. Tiene razón el amigo De Prada:
Resulta inquietante y perturbador que una época como la nuestra, que se jacta de exponerlo todo a la luz, que no tiene empacho en penetrar en las más recónditas intimidades, que no hace ascos a la exhibición gratuita de violencias, que con obscenidad casi pornográfica nos bombardea visualmente con los más variopintos horrores, sin embargo haya decidido encubrir este genocidio, prohibiéndonos mirar a los ojos a esos pequeños que son expeditivamente tachados del libro de la vida.
También se puede recordar que hay otros escritores, menos polemistas, pero tan inconformistas como el que más, que están en esta misma longitud de onda. Como el gran Miguel Delibes, sin ir más lejos.



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