Peligrosas verdades a medias
Ayer publicó el Diario de Navarra, en primera página, una peligrosa verdad a medias, firmada por Marcos Sánchez. Imagino y quiero pensar que no hay malas intenciones en esta peligrosa y poco recomendable manera de informar.

Se trata de una comparación entre lo que cuesta (debería decir, al menos, "a los alumnos") la matrícula en la Universidad Pública de la Navarra y lo que cuesta en la Universidad de Navarra:
La matrícula más cara en la UPNA es de 1.376 euros y en la UN alcanza los 11.175
- Los precios de la universidad pública se han visto incrementados en un 4,2%, el IPC
- El coste de cada crédito es de 12 o 16,9 euros en la UPNA, y en la UN oscila entre 75,5 y 167 euros
Los datos, en efecto, dicen eso. Pero esos no son "todos los datos" realmente implicados en el asunto que ofrece el titular del Diario a los lectores. Porque esa misma matrícula de la UPNA también cuesta, además, un pellizco importante a todos y cada uno de los contribuyentes forales.
Esto es lo que olvida el periodista: aportar, al menos, el dato "necesario" a esa información: el que viene a decir cuánto dinero cuesta al contribuyente navarro esa diferencia. No aportarlo, en cierto modo, equivale a ocultarlo. Y a trampear un tanto la información que reciben los lectores.
En concreto, como bien corrige Navarra Confidencial ("La más cara de las universidades navarras"), las cosas parece que, con ese dato, resultan más bien al revés:
"el coste anual de la UNAV para los contribuyentes navarros es 0 euros, mientras que el de la UPNA es de 66 millones de euros.
Durante el último trienio, los contribuyentes navarros han pagado con sus impuestos 181,1 millones de euros a la Universidad Pública de Navarra. Una cifra, por otro lado, en permanente crecimiento. La UPNA no se financia con el dinero que obtiene a través de sus matrículas, por lo que no es de extrañar que la matrícula más cara de la UPNA cueste 1.376 euros y la más barata de la UNAV cueste 5.322.
Estamos comparando peras con manzanas.
(...) En 2008, el presupuesto de la UPNA es de 82,4 millones de euros. Dividido por el número total de alumnos [8.531], resulta un coste medio de 9.658 euros por alumno, una cifra que sólo superan las tres carreras más caras de la UNAV: Arquitectura, Medicina y el combinado Derecho+Global Law Program.
Las comparaciones tienden a ser de suyo odiosas. Y realmente lo consiguen cuando se comparan cosas en aparente pie de igualdad, pero que por el modo de hacerlo -ocultando parte de la información- resultan en la realidad un agravio comparativo.
Lo dicho, sin acrimonia o acritud: las verdades a medias son muy peligrosas. Sobre todo en las comparaciones, cuando -por el tono- se pretende una información objetiva, neutral o adecuada -que hace justicia- a la realidad de las cosas tratadas.
Excuso decir que soy antiguo alumno y profesor de la Universidad de Navarra. Y también soy contibuyente navarro: saco así adelante la UPNA, que por esta razón es también mi universidad.
Tengo dos universidades en Navarra. Cobro mi sueldo sacando adelante la una y pago mis impuestos sacando adelante la otra. Cosas de la vida misma. Como quizá este descuido veraniego del Diario.













Juajo, buenas.
Si un miembro (o miembra) del Gobierno español leyera estos párrafos, se pondría a pensar en la manera de cerrar este blog, porque lo interpretaría como un ataque al Estado de derecho.
Zarandajas aparte, sería de agradecer que hubiera un mínimo espacio de debate público al respecto.
En nuestra sociedad se aspira a lograr que todos puedan tener una educación de calidad y una asistencia sanitaria completa. Sin embargo, si aseguras que esto se puede conseguir con una mejor gestión del dinero (público y privado) y con una colaboración eficaz de centros estatales y centros de libre iniciativa, entonces te tacharán de fascista.
Resulta curioso inspeccionar la incongruencia de los tópicos políticamente correctos. Los que más se llenan la boca con las bondades de la escuela pública llevan a sus hijos al colegio alemán o a colegios católicos. Los que más hablan de la sanidad pública optan por ginecólogos y urólogos privados.
Otrosí. El Gobierno español acaba de designar los miembros "expertos" de una comisión que aconsejará cómo debe redactarse la nueva ley del aborto. Dentro de los "expertos" hay representantes del negocio del aborto, miembros de antiguos gobiernos del PSOE (entre ellos el responsable del lamentable código civil anterior y la ley del menor más penosa) y personas de igual escoramiento político.
Voy a nombrar mi propia comisión de expertos. ¿Quién sabe? A lo mejor me acaban dando la razón. Por algo los he nombrado.
Lo malo es que, al contrario que el Gobierno, no dispongo del dinero de todos los españoles para pagar a mis "expertos".
Publicado por: José María | 05 septiembre 2008 at 09:36 a.m.