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26/11/2008

El "proceso de Bolonia" pone nerviosos a universitarios y politicos

Bolonia Hace tres años tuve ocasión de escribir sobre algunos pros y contras en el llamado "proceso de Bolonia" de equiparación de estudios en las universidades europeas. 

En concreto, acerca de algunas prevenciones en torno a los programas de las Facultades de Comunicación: Comunicación pública, Universidad y "Plan Bologna": armonizar creatividad y gestión.

Entonces la fecha tope de 2010 parecía lejana. Hoy la palabra Bolonia tiende a poner nerviosos a no pocos universitarios y políticos.  

A este respecto es interesante leer el extenso reportaje de Susana Pérez de Pablos (En el nombre de 'Bolonia'), teniendo en cuenta los sesgos gubernamentales de turno en El País.

Resumen los subtítulos diciendo que: 1) La declaración europea para crear una Universidad homologable se ha usado como excusa para otras quejas, y 2) El Gobierno no ha reaccionado a tiempo.

Tiene razón lo dicho en el párrafo inicial:

El nombre de Bolonia, la universidad más antigua de Europa, se está utilizando en vano. Vale para todo. Más allá de los lógicos desacuerdos o matices de cualquier iniciativa de alcance, se está viendo cómo una combinación de explicaciones insuficientes está llevando de boca en boca el nombre de Bolonia hasta convertirlo en un término controvertido, sagrado para unos y maldito para otros. La realidad es muy sencilla: la Declaración de Bolonia, firmada en 1999 por 29 países, pretende crear, nada más y nada menos, una especie de Unión Europa Universitaria ampliada. Pero su contenido se resume en sólo tres puntos: movilidad estudiantil en Europa, estructuración de los estudios en tres niveles (grado, máster y doctorado), y articulación de los programas en créditos europeos (ECTS), que, además de las horas de clase, incluyen el trabajo personal de los estudiantes. Por decirlo en términos rotundos, todo lo demás no es Bolonia.

Pero tampoco hay que dejar de lado que las cosas -tanto académicas como políticas- previstas con una finalidad determinada, terminan siendo encaminadas hacia otros horizontes. Para bien de unos y para mal de otros. Como casi siempre.

En tono coloquial se nos dice que

Meter mano a la universidad siempre ha sido arriesgado. Precisamente, por temor a las protestas estudiantiles y docentes. La reforma (que debe estar lista en 2010) empezó a dar miedo a los gobiernos (del PP, primero; y del PSOE, en el inicio de la pasada legislatura) y no se abordó de verdad hasta que llegó Mercedes Cabrera (a mitad de 2006) al Ministerio de Educación, del que paradójicamente en esta legislatura ya no dependen las universidades, son competencia del Ministerio de Ciencia e Innovación.

Esto, unido a las presiones gremiales de diversos colectivos universitarios por no perder poder académico (esto es, número de cátedras, de docentes, de departamentos... y, por supuesto, de alumnos a los que va en parte vinculada la financiación), ha hecho que la bola contra Bolonia haya ido engordando mes a mes.

Ahora hay decenas de concentraciones, encierros en facultades, acampadas en las puertas de los centros superiores... El movimiento estudiantil contra Bolonia es asambleario, pero en los dos últimos años se ha intensificado. Empiezan a organizarse y comienzan a preocupar a los responsables de las universidades. ¿Qué piden? En resumen, que se pare el proceso de Bolonia.

No piden que se pare el mundo, ni que se pare Europa. Tienen razón. También la tiene, o al menos así me lo parece, el rector de la Complutense, Carlos Berzosa:

"El proceso se ha llevado mal desde el principio y se han metido muchas cosas juntas, eso es lo que ha complicado todo. Y ahora todos los mensajes de Bolonia que llegan a la sociedad son negativos. (...) Bolonia es algo positivo y necesario, es una oportunidad para que los estudiantes se puedan mover más por el mundo, y el ministerio no ha salido lo suficiente a defenderlo. Otra cosa son los problemas de financiación o los cambios derivados de poner los títulos de Grado a cuatro años, cuando en la mayor parte de los países se ha optado por un Grado de tres años y un Máster de dos. Eso ha creado muchos inconvenientes".

Veremos en qué quedan los esfuerzos en uno y otro sentido.

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Listados abajo están los enlaces de los weblogs que le referencian El "proceso de Bolonia" pone nerviosos a universitarios y politicos:

Comentarios

Gracias por la visión de la jugada. Como recordarás, JJ, fui de las primeras promociones de eso que se llamó "plan nuevo" y que contiene -en resumen- la intención de Bolonia.

Admito que mi conocimiento de las tripas de las instituciones es escaso y más bien tangencial. Pero tengo la impresión de que las universidades públicas se han convertido en unos dinosaurios donde hay de todo. Hay buenos investigadores y docentes, y hay también mucho nepotismo, enchufismo, política, endogamia, etc.
También veo que los partidos políticos abusan de la universidad, al infestarla con sus tentáculos y su ideología, de suerte que el aspecto académico queda en un segundo plano, o en un plano astral.

También tengo la impresión de que hay una tremenda irresponsabilidad del gasto en la red universitaria estatal.

Por otro lado, los cambios legales en España contienen un cúmulo de despropósitos, empezando por la desaparición de una serie de titulaciones (sobre todo humanísticas) y la "secularización" de la Teología. Ahora la han convertido en carrera civil, de manera que hay cátedras ateas de Teología...
Asimismo, los órganos de "agit-prop" de la izquierda en la universidad sólo provocan el empeoramiento y la falta de diálogo. Es interesante ver que, en las manifestaciones convocadas por las Juventudes Socialistas (aka "sindicato de estudiantes" o algo así), sólo ondean banderas de la Unión Soviética, Cuba o la II República.

Asumo que tiro flechas que quizá no aciertan en la diana, pero sí caen cerca.

Muchas gracias, José María: claro que sé por dónde transitaste este asunto y sé que tus flechas están -como las mías, entiendo- más o menos dentro de la diana. Veremos en qué queda, esperando que no sea ni el temido parto de los montes ni una revolución que a nadie interesa.

Déjame comentar el detalle chusco de que para denominar a uno de los grados académicos hayan elegido la palabra “grado”. Que es precisamente el nombre común de todos ellos. Bachillerato, licenciatura, doctorado… son distintos grados. En las facultades suele haber un “salón de grados” donde se celebraba la colación de grados. Pero los profesores universitarios, ¿qué saben de esto? Si a partir de ahora los licenciados pasan a llamarse graduados, habrá que quitar su título a los graduados escolares, para no confundir a unos y otros. (O no, porque ya no va mucha diferencia).

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