Uno de cada tres diputados y senadores españoles admite haber defendido en alguna ocasión en las Cortes una postura con la que no estaba de acuerdo.
Entre los 83 parlamentarios que lo respondieron (un 13,5%) figuran 43 del PSOE, 24 del PP, seis de CiU, tres del PNV, tres de IU/ERC, dos del Grupo Mixto, dos del Bloque Galego y uno de IPC.
Varios de los encuestados que admiten haber defendido posturas que no compartían aducen que “la unidad del partido” está por encima de los matices y las diferencias que a veces plantea la actividad parlamentaria.
Un diputado del PP explica que una vez se sintió inclinado a “premiar” con su voto a un compañero de otro grupo, “fuera por razones argumentales o a causa de la brillantez verbal esgrimida”. Un 43,4% de los parlamentarios se ha visto en esa misma tesitura.
Una diputada del PSOE en el Congreso va más lejos al reconocer lo siguiente: “No he cambiado de postura oyendo al adversario. Sí he cambiado o he estado en desacuerdo oyendo a mi propio portavoz”.










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