18 entradas en la categoría "EpC española - democratic citizenship"

01/05/2008

El Tribunal Superior de Justicia de Andalucía desatoriza de nuevo la EpC [+]

Llega por correo la noticia, desde Profesionales por la Ética, de que  el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía torpedea Educación para la ciudadanía y refuerza el movimiento objetor. Dice así:

Ante la declaracion judicial del caracter ideologico de la asignatura. EL MEC DEBE RETIRAR LA ASIGNATURA

La sentencia del TSJA conocida hoy confirma de nuevo la naturaleza ideológica de Educación para la ciudadanía, constituye un importante refuerzo de la posición de los padres objetores y obliga a todas las Administraciones educativas insensibles a la libertad educativa a modificar su actitud de rechazo a la objeción de conciencia. (...)

Sin entrar en los pormenores jurídicos que pueden verse en el texto de la sentencia, es ésta una noticia relevante, que no todos los medios han sabido o querido destacar.

Refiere esto último Luis I. Gomez, en Desde el exilio, prestando quizá demasiada atención a un aspecto del asunto EpC: el TSJ de andalucía anula parte de los contenidos. Puede leerse la referencia de Elentir, Tortazo judicial a la imposición socialista, y también de Libertad Digital a lo comunicado por Profesionales por la Ética en El TSJA "ha restablecido un derecho constitucional que nos quería quitar Zapatero".

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Actualización 8.30pm: Elentir publica esta tarde otra anotación acerca del tratamiento de la noticia por parte del diario Público, y dice sin ambages que Público miente, una vez más.

2-V-08: el diario ABC editorializa Golpe a la asignatura EpC

01/04/2008

EpC: la administración andaluza no acata la sentencia del Tribunal Supremo de Justicia

Justicia Es posible que esta batalla por la libertad de educación sea larga. Sobre todo, a causa de la prevaricación de algunas autoridades administrativas.

Llamar prevaricador a alguien, a estas alturas de opinión pública, no es necesariamente un insulto. Es más bien la mera descripción ajustada a la persona que comete un delito, que no por quedar impune deja de serlo.

Al menos según lo dicho por el Drae: "Delito consistente en dictar a sabiendas una resolución injusta una autoridad, un juez o un funcionario".

Ahora, la administración andaluza no acata la sentencia del TSJA, actúa en su contra, y suspende a alumnos cuyos padres habían objetado a la actual "Educación para la Ciudadanía", EpC.

Reproduzco parcialmente la información que hoy me llega desde Profesionales por la Ética:

En la segunda evaluación del presente curso escolar, la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía vuelve a suspender a varios alumnos cuyos padres han objetado contra la asignatura de EpC.

Es el caso de Pilar Colomina, que ha objetado a Educación para la Ciudadanía en La Carolina (Jaén). La Junta de Andalucía le comunicó que no podía ejercer el derecho a la objeción; Colomina recurrió la decisión de la Junta y el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) en Auto de 3 de marzo pasado (Descargar Auto.pdf) acordó la suspensión cautelar de la denegación de la objeción de conciencia a la asignatura.

De esta manera, el TSJA protegía el derecho a la objeción sin entrar a resolver el fondo del asunto, a la espera de sentencia judicial en este procedimiento. 

Los suspensos de la segunda evaluación se dan a pesar de que una sentencia del TSJA ha reconocido el ejercicio de este derecho constitucional en el procedimiento iniciado por unos padres objetores de Bollullos Par del Condado (Huelva).

Suspender a un alumno cuyos padres han objetado a Educación para la Ciudadanía resulta inadmisible en un Estado de Derecho, según el abogado sevillano Carlos Seco.

Este letrado ha manifestado que “esta sentencia reconoce el derecho que tenemos los padres a elegir la educación de nuestros hijos, y afirma que es constitucionalmente correcto objetar a los contenidos de EpC por vulnerar los derechos fundamentales de libertad ideológica y religiosa y de elegir las convicciones morales y religiosas en las que queremos formar a nuestros hijos, y por eso es inaceptable que la Consejería de Educación haga “caso omiso” de un pronunciamiento judicial”.

Como ha dicho el TSJA, el derecho a objetar a EpC impone a la Consejería de Educación el deber y la obligación de respetar la decisión de los padres, también el derecho a que el alumno no asista a clase, y a que la asignatura no sea evaluada. Por ello, la decisión del gobierno andaluz de evaluar a los alumnos, y de suspenderlos por no asistir a clases, supone la falta de acatamiento y desobedecimiento de una resolución de los Tribunales de Justicia.

Según dice el abogado Carlos Seco, si se establece un paralelo con la objeción de los médicos en el caso del aborto, es como si cada uno de los médicos tuviera que acudir a los Tribunales para el reconocimiento de su derecho, obligándoseles entretanto a practicar abortos o arriesgándose a que se les incoara un expediente sancionador por oponerse a practicarlo. Cosa que -desde luego- no es así...

Como dice Antonio en el blog Radicales Libres, en este sentido yo también estoy Contra José Antonio Marina.

11/03/2008

Lectores de El País, favorables a la objeción de conciencia en EpC

Ante esta pregunta sobre la objeción de conciencia en Educación para la Ciudadanía, los lectores de El País -hasta el momento, 28.378- han contestado que están de acuerdo (71%). Un dato interesante para quienes escriben en El País, que en principio opinan lo contrario:

Elpais_encuesta_epc

04/03/2008

Educación para la Ciudadanía (EpC): la justicia asoma por Bollullos del Condado

Epc_bollullos Bollullos del Condado ha sido un lugar con un nombre sonoro, bien conocido entre los andaluces. Quizá desde hoy será aún más conocido.

El lugar se llama "Bollullos par del Condado" porque históricamente no perteneció al Condado de la Niebla, en Huelva, sino que fue señorío de los Duques de Medina Sidonia. De ahí lo de par, que tiene el sentido de estar a la altura o al lado de...

Hoy Bollullos es de nuevo "par": es noticia porque esta vez está a la altura y al lado de la justicia.

Así, el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) ha reconocido por primera vez el derecho (de unos padres de Bollullos del Condado) a objetar contra la asignatura de Educación para la Ciudadanía (EpC), dado que "emplea conceptos de indudable trascendencia ideológica y religiosa como son la ética, la conciencia moral o los conflictos morales". [Descargar texto de la sentencia .pdf]

Aquí hemos hablado en varias ocasiones de este candente asunto, también en lo que tiene de escándalo para la vida pública de la ciudadanía, que con la EpC está viendo cómo es desaforadamente coartada la libertad nativa que tiene cada familia (y no el Estado) para decidir qué educación recibe su prole.

Desde Profesionales por la Ética, que han batallado largo y tendido este asunto, llega la noticia:

El Tribunal Superior ha aplicado correcta e íntegramente la jurisprudencia más vanguardista del Tribunal Europeo de Derechos Humanos al reconocer la objeción de conciencia educativa, sin entrar en enjuiciamientos de naturaleza ideológica. Con justeza entiende que el interés público consiste, precisamente, en garantizar los derechos, lo que “justifica la existencia del Estado y sus potestades”. Esta afirmación del órgano judicial es toda una declaración de principios sobre el comportamiento debido de un Estado que, como en este caso, olvida que su poder está al servicio de los ciudadanos y de las familias.

El términos prácticos, a partir de ahora, la Administración educativa, tanto estatal como autonómica, deberá forzosamente reconocer la realidad de la objeción de conciencia como un derecho constitucional de los padres, tendrá que eximir a los estudiantes de padres objetores de asistir a clase de Educación para la ciudadanía, y habrá de hacer constar en su expediente que no son evaluados de la asignatura.

Algunos periódicos dan noticia de éste asunto, crucial para una democracia cívica, bajo estos titulares:

-- El Mundo, El TSJA reconoce el derecho a objetar ante Educación para la Ciudadanía
-- El País, El máximo tribunal andaluz reconoce la objeción a la Educación para la Ciudadanía
-- El Imparcial, La Justicia permite objetar Educación para la Ciudadanía
-- Gaceta de los Negocios, Andalucía reconoce el derecho a objetar a EpC
-- El Confidencial, El TSJA reconoce el derecho a objetar ante una asignatura "ideológica"
-- La Vanguardia, Golpe judicial a la asignatura de Educación para la Ciudadanía
-- Público, "La Abogacía del Estado estudia recurrir la sentencia sobre Ciudadanía"

El TSJA andaluz ha confirmado ahora el derecho de unos padres de Bollullos del Condado (Huelva) a que su hijo no curse la asignatura ni sea evaluado, lo que ya les reconoció en enero pasado en un auto de medidas provisionales.

Veremos qué sucede con los recursos al Supremo que anuncian la Junta de Andalucía y el Ministerio de Educación: siguen empeñados en esta particular "ley del embudo" del socialismo metido a formador (manipulador) de las conciencias de las jóvenes personas que se les pongan involuntariamente a tiro, siguendo los criterios ideológicos del partido.

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Actualización (7 Marzo 2008): Desde el pasado martes, día en el que se hizo pública la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía reconociendo el derecho de unos padres a objetar a Educación para la Ciudadanía, se han producido, según PROFESIONALES POR LA ÉTICA, 546 nuevas objeciones en los siguientes lugares:

            126 en Cartagena.
            80 en la Comunidad de Madrid.
            20 en Cantabria.
            50 en Talavera de la Reina.
            60 en Sevilla.
            210 en Cuenca.

Estas objeciones se suman a las 27 000 que se contabilizaron el pasado 4 de marzo. Leonor Tamayo, responsable de la Red Territorial de Profesionales por la Ética, ha indicado que los padres han entregado los escritos de objeción en las Consejerías de Educación o en sus delegaciones correspondientes ya que, según explica, «muchos centros educativos no están comunicando las objeciones a la Administración; por ese motivo vamos a solicitar a las consejerías de Educación que pregunten a los colegios e institutos cuántos formularios de objeción se han presentado en cada caso». Fuentes de Profesionales por la Ética indican que la multiplicación de objeciones no ha hecho más que empezar; incluso, creen que a principios del curso 2008-2009 llegarán a 50 000 objeciones en toda España.

17/10/2007

Noticias de acoso y defensa de objetores frente a EpC

Recibo noticia, desde Profesionales por la Ética, de algunas cosas concretas que están sucediendo a personas concretas en algunos lugares concretos de España, a propósito de su objeción a la EpC. No me resisto a dar a conocer un extracto:

Epc María C. es una madre de Jaén que ha presentado objeción de conciencia en el Instituto de Enseñanza Secundaria para que su hijo no curse la polémica asignatura Educación para la Ciudadanía (EPC) en 3º de ESO. El primer día de clase, el jefe de estudios le llamó y le dijo que si su hijo no entraba a clase de EPC ella tendría que ir a buscarlo porque en el centro no podía permanecer. Ante la firme postura de María, defendiendo su derecho a objetar, el chico permaneció en el pasillo mientras la Junta de Andalucía acosaba a la madre solicitándole que acreditara "la representación legal de su hijo", detalle tragicómico si consideramos que el chico tiene unos 13 años y no ha dejado de estar al lado de su madre desde su nacimiento.

En Barcelona, un grupo de padres ha recibido notificación de la Generalidad "desestimando" sus escritos de objeción de conciencia; el gobierno catalán se arrogaba así un poder absoluto que no tiene porque la libertad de conciencia es un derecho constitucional y no depende de ninguna otra instancia. La Generalidad, al igual que la Junta de Andalucía y el propio Gobierno de España, ya ha advertido que los alumnos cuyos padres han objetado frente a EPC "serán suspendidos". (...)

En Lucena (Córdoba) el director de un IES ha escrito a los padres que han objetado instándoles a que entren a clase de EPC o sean recogidos por sus padres. En Cádiz, una alumna de 3º de la ESO de un centro público ha sido coaccionada y amenazada para que entrara en clase de EPC.

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12/09/2007

Ahora, la educación para la ciudadanía (EpC) será "para todos los gustos"

Epc_paisEs sorprendente la retirada de posturas previas del presidente del gobierno español y sus ministros, expertos y medios de comunicación acerca de la "Educación para la ciudadanía (EpC)".

La nueva postura es ésta, promulgada por el diario El País (Educación para la Ciudadanía a la carta.Los libros de texto de la nueva asignatura permiten la enseñanza de las ideologías más dispares): EpC será para todos los gustos.

Incluso -viene a decir el periódico, en un alarde de displicencia concesiva- para los gustos retrógrados de los (ya clásicos "malos e impresentables", según dicta el guión habitual) "católicos no progresistas", mezclados en el mismo saco con "los del PP", etc. Un primor de reportaje objetivo y tal.

Pero lo destacable del asunto es precisamente observar este "apearse en marcha" de las explícitas amenazas previas y del prototipo totalitario de manual previsto (por el encargado del asunto Peces-Barba y la Fundación CIVES).

Debe ser que las encuestas electorales dicen que es mejor dejar estar al ciudadano infantil en su ciudadanía familiar y escolar, que no ilustrarlo obligadamente -como estaba previsto- con la exclusiva ideología socialista.

O debe ser que la atención internacional ha tomado nota de los sesgos del asunto (Thousands of Spanish Families Boycott Homosexual Indoctrination Program. Whole Provinces and Schools Declare their Unwillingness to Teach the Material).

O debe ser que, dado que el relativismo forma parte del credo a impartir en la sesgada catequesis socialista, se prefiere -de paso- que lo practiquen los alumnos y demás ciudadanos. Ahora parece que ya no hay siquiera un núcleo común para la ciudadanía democrática...

El caso es que así, ahora, al resultar la EpC "para todos los gustos", puede que lo normal sea que su enseñanza contravenga hasta el decreto ministerial por el que se crean sus contenidos. Y que reine la confusión en las familias o grupos de amigos con hijos en centros diversos. Hijos que, ya de por sí, resultarán un tanto confundidos (y aburridos) por las vaguedades y simplezas "buenísticas" que les enseñen, junto a no pocas arbitrariedades ideológicas que son puros errores antropológicos.

Había escrito más sobre estos asuntos, pero acabo de leer un magnífico artículo de Ignacio Aréchaga, que los trata de modo ejemplar, comentando el mismo reportaje de El País, y que recomiendo vivamente: Educación para la Ciudadanía, en todas las tallas. Unos párrafos:

"(...) el muestrario escogido permite encontrar las posturas más contradictorias en temas éticos polémicos: la defensa del derecho al aborto y el respeto incondicional a la vida; el reconocimiento del matrimonio homosexual y su negativa o silencio; los modelos alternativos de familia y la defensa de la familia basada en el matrimonio; la llamada a no identificar amor y sexo, y la defensa de la sexualidad libre, con tal de que no te olvides de llevar un preservativo, claro; la religión como algo perteneciente solo a la esfera privada y el derecho de los creyentes a expresar sus posturas en la esfera pública; la idea de que la diferencia en las relaciones de género es una simple construcción cultural aprendida y la que afirma que la biología influye...

En suma, los textos, dice el diario, “ofrecen tal diversidad ideológica que permite adaptarla al ideario de cualquier colegio”. Pero inevitablemente uno se pregunta si no falla algo en el programa de una asignatura que en los mismos temas permite defender posturas tan contradictorias como exigidas por el civismo. Porque no es que en cada caso se vayan a explicar las distintas alternativas, sino que cada colegio y cada profesor elegirá la que más le guste (...)

A veces el adoctrinamiento desciende a cuestiones peregrinas, como cuando el manual de la editorial Octaedro asegura que ver una película europea responde a una “concepción plural y diversa” de la cultura, mientras que si ves una película americana te integras en su “concepción restrictiva y homogeneizadora”. ¡Sea un buen ciudadano y pase por la taquilla del cine español! (...)"

No dejen de pasarse por Aceprensa y leer completo lo escrito por Ignacio Aréchaga.

El caso es que en el terreno de lo práctico-práctico, ya lo dice una lectora que comenta el reportaje de El País:

187 - Cristina - 03-09-2007 - 13:50:34h

Mi conclusión es que antes de escoger escuela para mis hijos tendré que preguntar en cada escuela qué manual de educación para la ciudadanía usan, para no llevarme sorpresas; aunque los libros de historia también se las traen.

También va siendo hora de que los padres, en efecto, sean protagonistas en la educación de sus hijos.

23/07/2007

Zapatero sigue derivando hacia posturas chavistas con la "Educación para la Ciudadanía" [+ Actualiz.]

Da vergüenza leer hoy en el diario El País (celebrado estos días de duelo por la muerte de su editor Polanco, como "el periódico de la libertad"), un titular en el que se lee que el presidente dice que aplicará la asignatura de Educación para la Ciudadanía en todo el país. Viva la libertad!

Y así, Zapatero advierte (amenaza, sería más la palabra más ajustada) al PP y a la Iglesia de que "ninguna fe puede oponerse a la ley". Y el diario El País celebra, con alegría apenas contenida, lo dicho por ZP, al redactar una "noticia", que más bien parece una "apología del jefe", al estilo chavista que ahora se lleva en Venezuela. Más de uno piensa que Polanco -descanse en paz- fue, sobre todo, o bien El hombre que hizo de la libertad un negocio, o bien el editor del poder. En este sentido concreto, hoy dice así El País:

Doble aviso: a la jerarquía eclesiástica y al PP. El Gobierno hará cumplir la ley, porque "ninguna fe puede oponerse a la soberanía popular, que reside en el Parlamento, ni a las leyes que de la misma dimanan". Ésta es la forma que ayer tuvo José Luis Rodríguez Zapatero de advertir a la Iglesia católica y a la dirección del PP de la inutilidad práctica de que traten de boicotear la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Tampoco cabe la objeción de conciencia cuando se trata de extender "la Constitución y sus valores". La asignatura "se aplicará en toda España", subrayó.

Es lamentable tener que repetir que el presidente del gobierno español, Rodríguez Zapatero, se equivoque de nuevo en pretender imponer a la ciudadanía -por la buenas o por las malas (parece que más bien por las malas, poco educadamente, a partir de ahora)- la Educación para la Ciudadanía.

O bien está dejando de ser un político (democrático, se entiende; no del modelo Chávez), o bien se la ha subido La Moncloa a la cabeza antes de tiempo (cosa que suele suceder en el segundo mandato de los presidentes), o bien ha asumido definitivamente el papel profético y salvífico que piensa la historia le ha deparado... y se dispone a proclamar la fe en la ley que él dicta como la única religión posible bajo su égida...

En cualquier caso, como bien advierte Alejandro Llano, a falta de proyectos de justicia social,

la ideología socialista recurre a la manipulación del sexo, a la erosión de la familia, a un retorcimiento del significado de las relaciones sociales. ¿Qué tienen que decir al respecto el PP o Unió Democrática de Catalunya? Y, sobre todo, ¿hasta dónde llegará la paciencia y el conformismo de los ciudadanos españoles?

Estimado conciudadano Rodriguez Zapatero: está usted -de nuevo- confundiendo las cosas, e intentando incluir a los demás como prosélitos en su confusión, por aquello de la igualdad de oportunidades para todos y para todas.

Las personas no se identifican con los ciudadanos.

Las personas se rigen por su conciencia, no por las leyes del ejecutivo-legislativo.

Las personas tienen o dejan de tener fe, en su conciencia. Y si la tienen y la viven, es posible que eso les haga chocar con el ambiente legislativo en que les toca vivir -en un momento y lugar concreto- como ciudadanos de una nación, país, o como quiera llamarse.

Eso ha pasado, por poner un poner reciente y bien conocido, con muchas personas en la Unión Soviética y países satélites, hasta la caída del muro, y ha pasado (o pasa) en China. Regímenes totalitarios, en los que las personas han sido reducidas a ciudadanos bajo el exclusivo imperio de la ley. En esos lugares, la doctrina oficial dice que no tiene sentido la objeción de conciencia ante el bien que los que mandan proporcionan con sus leyes a los mandados.

Hay demasiados ejemplos de catacumbas, o de ghetos, que -no por casualidad- recuerdan a las persecuciones de los emperadores romanos. Ellos eran los dioses. Debían ser adorados como tales. Quienes no abjuraran de otros credos y se negaran a adorar al emperado (o cumplir sus leyes: es lo mismo), eran masacrados.

A esto es a lo que suena "ninguna fe puede oponerse a la ley". Ya lo siento por quienes -como Rodríguez Z.- así entienden hoy la soberanía popular: no hay personas que viven cívicamente según su conciencia; sólo hay ciudadanos directamente bajo la ley del ejecutivo-legislativo. Es decir, ahora, en España, bajo las leyes que emana la ideología socialista. Que no es identificable con la soberanía popular. Por eso tiene razón quien afirma que "la fe se propone, la fe no se impone". Y quien insiste en que 'el laicismo tampoco puede estar por encima de la ley'. Ni puede convertirse en una especie de pseudo-religión que se impone con burdas razones demagogicas como algo obligatorio.

Por eso existe, guste o no al señor Rodríguez Z., algo tan tradicionalmente razonable, cívico y democrático como es la objeción de conciencia.

Si en España deja de haberla, en este caso, como ha decretado el señor Rodríguez Z., es porque se trata de una materia que "enseña la Constitución y los valores que de ella nacen".

Señor Rodríguez Z., como todos sabemos -y entre otras cosas- hay un Tribunal Constitucional, porque los valores y las leyes no "nacen" automáticamente de la Constitución. Y además, cabe reformar la Constitución. Así que -si, como bien sabemos, la constitución no es "sagrada"- parece que lo "sagrado" es lo que diga el gobierno. Eso vuelve a ser el totalitarismo (vestido de rosa, si se quiere), pero totalitarismo a fin de cuentas.

Quienes no renunciamos a ser personas y a actuar en conciencia en el franquismo, tampoco vamos ahora a renunciar a hacerlo ahora en el zapaterismo.

Tiene razón Marina (autor citado por Rodrigez Z. en el Congreso, como autoridad en EpC) al decir ahora, así de repente, que la EpC "ha descarrilado" y "va a servir para muy poco" tras las objeciones.

Quizá por eso Rodrigez Z. quiere hacerla obligatoria, por las malas. Sin objeciones de conciencia, como los césares romanos.

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Actualización (27 Julio 2007): entre otros escritos sobre el particular, es recomendable leer a José Luis Restán, en Zapatero abre un debate de fondo sin saberlo y a José Francisco Serrano Oceja, en Los dogmas de Zapatero. Lo mismo, con lo firmado por Aceprensa, La objeción de conciencia a la Educación para la Ciudadanía no es resistencia civil, síntesis razonada del artículo Padres objetores, de José Gabaldón López, vicepresidente emérito del Tribunal Constitucional español.
Tampoco queda al margen del sesgo de la EpC lo que publica El Confidencial Digital: Logias de la masonería recomiendan a sus iniciados un libro sobre laicismo del formador de la Fundación Cives, que redactó el currículum de Educación para la Ciudadanía.
Es también de interés leer lo escrito por Josep-Ignasi Saranyana, Ciudadanía y educación, muy matizado en observar estas dos tendencias: "Por la complejidad del asunto y por ser España plural, tampoco la reacción de los distintos sectores católicos está siendo unánime ante la nueva asignatura de educación en ciudadanía, ni siquiera después de la nota episcopal. Unos han optado por la objeción de conciencia. Otros, quizá más pragmáticos, han preferido organizar la asignatura haciéndola compatible con el ideario de los centros educativos. Ambas opciones son lícitas, pues responden a esa legítima libertad social, sancionada por nuestra carta magna." (Cierto, aunque la segunda opción deja más bien desprotegido al católico -y al no católico- con hijos en centros públicos de enseñanza, en los que la EpC se explique según el "método Cives") Just in case...

19/07/2007

El alcance práctico real de la "Educación para la Ciudadanía"

Parece escasa la referencia al alcance práctico real, personal y no sólo teórico o técnico intelectual, cuando se discute acerca del peculiar sesgo ideológico de la EpC que patrocina el actual gobierno español.

Aquí, en Scriptor.org, se ha hablado -digámoslo así- en torno a las deficiencias del proyecto, tanto en lo que supone una aplicación claramente deformada y extralimitada del proyecto europeo de formación cívica, como en lo que tiene de atentado a la libertad de las conciencias, a la racionalidad y la dignidad de las personas a las que se destina.

Aquí se ha insistido en esos dos tipos de cuestiones, en la medida en que los alumnos han de someterse obligadamente a la arbitrariedad ideológica unilateral de los principios que rigen esa materia, al margen de la racionalidad filosófica práctica que presuntamente debería ser su fundamento.

En este sentido, parecen más razonables las voces de algunas posturas, que avisan sobre el alcance práctico, vital, de la materia. Por ejemplo, lo dicho por José Luis Bazán, de Profesionales por la Ética: “En la evaluación de Educación para la Ciudadanía se van a valorar actitudes, no conocimientos”, criticando lo dicho en el Boletón Oficial del Estado, a propósito de la EpC:

"El aprendizaje de esta área va más allá de la adquisición de conocimientos, para centrarse en las prácticas escolares que estimulan el pensamiento crítico y la participación, que facilitan la asimilación de valores en los que se fundamenta la sociedad democrática, con objeto de formar futuros ciudadanos responsables.

En este sentido, los planteamientos metodológicos deben ser atendidos con sumo cuidado porque serán decisivos a la hora de asegurar que el conocimiento de determinados principios y valores genere la adquisición de hábitos e influya en los comportamientos".

De ahí que las voces de quienes hablan (hablamos) de objeción de conciencia ante la EpC, no se sientan intimidadas en lo más mínimo por las diversas amenazas (explícitas, más que veladas), que se prodigan desde los promotores de la EpC, claramente faltos de razonamientos, no ya sólo de razón (cosa que también sucede en los manuales de “Educación para la Ciudadanía”, que abordan la objeción de conciencia de manera sesgada). Y es muy difícil dialogar en una mesa cuando alguien pone encima de ella, como argumento, algo parecido a una pistola.

De ahí que -por ejemplo- pareza muy razonable lo dicho por Carlos Jariod, presidente de la asociación Educación y Persona, en "Mentiras sobre la objeción": porque quienes hablan de ella no son, como dicen algunos, y entre otras lindezas,

marionetas palurdas de "La Iglesia"; personas sin juicios que, beatos de sacristía, somos utilizados por los obispos.(...) Somos padres de familia, ciudadanos anónimos, creyentes o no, que tienen juicio propio y que estamos dispuestos a defenderlo.

Que no queremos que el Estado ni nadie introduzcan en nuestras casas y en nuestros hijos una mentalidad ajena a nuestras convicciones (...), plenamente ajustadas a nuestra Constitución.

Si el alcance de la EpC viene planteado como algo realmente práctico, vital, entonces se entiende que quienes lo defiendan tiendan a dirigir sus invectivas, no hacia otras ideologías políticas, sino hacia el ámbito de la religión, y en este caso, la católica.

Porque, como he tenido ocasión de comentar a propósito de lo dicho por un lector en la anotación anterior, en efecto, podría decirse que el planteamiento del gobierno de ZP tiene trazas religiosas, dirigido a la persona completa en términos de peculiar "salvación" (relativista, inmanente, etc.), más que en términos de estricto comportamiento cívico. Quizá por eso, no parece tan lejos de la realidad imaginar la ironía del PSOE (o de una parte de él) acudiendo a inscribirse en el registro de instituciones eclesiásticas o religiosas.

De todos modos, por si alguno aún no lo sabía, la Justicia ampara el derecho a objetar frente a Educación para la Ciudadanía.

09/07/2007

Libertad Digital plantea 10 razones por las que EpC sí adoctrina a los escolares

""Es inaceptable, una mentira intolerable", espetó exactamente Zapatero. "Y si Usted no sube aquí, se habrá demostrado claramente que todos son infundios, insidias y visiones apocalípticas", desafió a Rajoy. LD recoge el guante lanzado por el presidente."

LD identifica diez ideas del libro de José Antonio Marina, moldeadas por el decreto de contenidos y objetivos de la asignatura aprobado en diciembre de 2006 por el Gobierno, que chocan frontalmente con la libertad educativa y de conciencia consagradas por la Constitución Española.

Como es natural, conviene leer los razonamientos que LD plantea en cada punto, y pensar un poco sobre el asunto, porque ni todo es tan diáfano como plantea Zapatero con el manual de Marina, ni todo tan nítido como expone LD. En síntesis, viene a ser esto:

1) Programando el "Gran Proyecto Ético"

José Antonio Marina no oculta lo ambicioso de su experimento con las mentes de los escolares. Su libro pretende inculcarles el "Gran Proyecto Ético", basado en "las características y necesidades de los seres humanos".

2) Un individuo al servicio del "Gran Proyecto Humano"

"Se estudia como ese Gran Proyecto abre el campo de juego de las expectativas privadas de felicidad. Indica los modos de identidad nacional, religiosa, o de género que son compatibles con el Gran Proyecto Ético. En ese sentido no puede negar ninguna de ellas –ni religión, ni patriotismos, ni modelos de género–, sino solamente indicar los que resultan imposibles o difíciles de compaginar con el mundo de la dignidad y de los derechos que queremos construir".

3) El Estado como formador moral

Marina insiste en que el Estado, a través del currículo educativo, debe suplantar a las familias cuando éstas no transmiten de manera "eficaz" valores a los hijos.

4) "Un test de inteligencia del consumidor"

Uno de los capítulos del libro de José Antonio Marina está dedicado a la idea de "consumo responsable". De nuevo, el pedagogo –al servicio del Estado– va más allá de la descripción de conceptos y entra en elección de valores: "Consumo responsable".

5) La globalización genera "profundas desigualdades"

Al hablar de la Globalización, por ejemplo, el manual de Marina –como el resto de libros de texto: se trata de un enfoque claramente prescrito en el decreto de contenidos mínimos aprobado por el Ministerio– hace suyo el consenso progresista sobre la injusta distribución de la riqueza causada por la globalización, en contra de todas las evidencias que indican su impacto en una significativa reducción de la pobreza.

6) Una religión de Estado

"Sin duda alguna", apunta José Antonio Marina al exponer los principios de su manual, "las familias pueden educar a sus hijos en su religión y en su moral; pero el Estado debe encargarse de facilitar a todos nuestros jóvenes aquella educación que la sociedad considera necesaria para el desarrollo de los proyectos personales, la buena convivencia, la justa resolución de los problemas y el progreso económico".

7) El salario del alumno

"Los adultos van a trabajar, y los niños y los jóvenes también. La escuela es el lugar de trabajo de la gente joven. Estos últimos podrían replicar que no se les paga un sueldo, pero esto no es verdad. Todos los ciudadanos se comprometen a pagar a cada estudiante de enseñanza secundaria 4.000 euros al año. Lo que ocurre es que no se lo pagan en dinero sino en clases, profesores, libros". De nuevo, la idea de un Estado providencial capaz de dar "a cada uno su necesidad" y de esperar, a cambio, "de cada uno su capacidad".

8) Un mundo feliz

Para que el individuo sea feliz, la sociedad debe serlo antes que él, dicta Marina.

"La felicidad personal es un estado de satisfacción personal y de plenitud en el que podemos desarrollar nuestro proyecto de vida". "Para conseguirla" –continúa– "necesitamos vivir en un ambiente que no lo impida y, a ser posible, que la facilite. Necesitamos que la sociedad sea feliz".

La primacía de la sociedad sobre el individuo y del Estado sobre la familia es una constante a lo largo de toda la obra. El programa educativo socialista no concibe la plenitud de la persona sin la aquiescencia de la sociedad y sin el marco ético –ese "Gran Proyecto" del que habla Marina– impuesto por el Estado.

9) El "buen ciudadano"

José Antonio Marina sostiene en su libro la idea de que "el buen ciudadano es el que piensa bien, tiene los sentimientos adecuados y obra rectamente".

10) ¿Alguna objeción?

"La Constitución española –que es una constitución laica–", indica Marina, "incluye un sistema de valores éticos fundamentales que son, fundamentalmente (sic), los derechos humanos. Y estos son el criterio básicos para determinar los contenidos de la EpC. ¿Hay algún padre que tenga inconveniente en que sus hijos reciban esta enseñanza?"

06/07/2007

EpC: una guía para identificar posturas

Olegario
Olegario González de Cardenal ha publicado una interesante "Tribuna" en El País (Balance de un debate, 05/07/2007, €).

Entiendo que puede servir como guía para identificar posturas ante los peculiares planteamientos gubernamentales españoles para la cuestión de la Educación para la Ciudadanía.

Sintetizando aquí el texto, González de Cardenal observa de entrada que "esta cuestión [la configuración de los contenidos de la EpC y su imposición gubernamental] afecta a la misma raíz espiritual de nuestra sociedad. La cultura, la política y la religión están implicadas inexorablemente en ella".

Y plantea tres tipos de preguntas para clarificar la maraña de la cuestión, que -con sus propias palabras- se puede resumir así:

1. ¿Cuáles son el sujeto, los contenidos y el contexto histórico de la educación? ¿Quién y dónde se educa al hombre como persona, como ciudadano, como posible creyente?

2. ¿Qué se debe y se puede enseñar en las instituciones escolares?

3. Tercera cuestión: la educación no acontece en un vacío de ideas, esperanzas, temores o sospechas sino en un contexto muy concreto donde vigen unas aspiraciones y se rechazan unos proyectos a la vez que se anhelan otros.

¿Cuáles han sido las reacciones ante esta asignatura impuesta por el Gobierno? Para González de Cardenal son tres:

1. La que defiende la asignatura y el programa con que el Ministerio la propone.
2. La que rechaza asignatura y programa.
3. La que acepta la asignatura pero propone modificación o cambio de programa.

En el primer caso, "quienes la defienden afirman que la educación debe ser integral y no sólo aprendizaje de conocimientos y destrezas; por ello es esencial una educación en valores (...) Algunos añaden que hasta ahora en España ha educado la Iglesia y que ahora tiene que educar el Estado".

En el segundo caso, "unos rechazan por principio cualquier asignatura que confiera al Estado la capacidad de trasmitir convicciones últimas de sentido, verdad e identidad. Todos los Estados que han querido imponer una ideología nacional o revolucionaria lo han hecho con sangre y muerte".

Aquí se sitúa también el rechazo de profesionales de la enseñanza, para quienes la materia está heterogéneamente construida con materiales que ya estaban presentes en las asignaturas de Ética, Filosofía, Ciencias Sociales y en la trasversalidad de otras asignaturas. No había demanda social para ella sino que su propuesta surge de un partido que quiere trasvasar su propio proyecto (...).

Pero el problema más grave es que, dada la heterogeneidad de materias indicadas en el programa del Ministerio, se mezclan realidades totalmente distintas: las que podrían pertenecer legítimamente a una ética cívica y otras como son "la condición humana", la "identidad personal", "la educación afectivo-sexual", "la construcción de la conciencia moral", que son de otra naturaleza, y sólo pueden ser ofrecidas por quienes tienen la responsabilidad primera, es decir los padres. El Estado podría ofrecerla pero nunca imponerla como obligatoria.

En el tercer caso, se "reconoce al Estado la legitimidad para ofrecer esa materia que prepare a los alumnos para existir en sociedad, para que conozcan el entramado de realidades en medio de las que viven y con las que tienen que convivir".

Lo primero y esencial es la persona; de cómo se comprenda ella a sí misma se deriva incluso la forma de comprender y realizar su ciudadanía. Ésta no monocorde; hay muchas formas de realizarla auténticamente a la luz de la actitud última de cada uno ante la existencia. La ciudadanía no puede ser dictada a nadie por ningún Estado, partido o iglesia.

Los partidarios de esta tercera postura se diferencian a su vez: unos creen posible una refundición del programa, quitando aquellas cuestiones antes aludidas que exceden la competencia del Estado.

Otros, yo [Olegario González de Cardenal] entre ellos, consideran que eso no es tan fácil y proponen una solución más radical y objetiva: centrar la materia en el estudio de la Constitución Española, que ofrece todos los presupuestos de ideales, valores, derechos, deberes y responsabilidades del ciudadano, completándola con las Declaraciones internacionales de derechos humanos.

Ahora surge la cuestión vidriosa: ¿se puede imponer una materia que lleva consigo tales problemas objetivos (...)? Yo [Olegario González de Cardenal] veo tres razones para no imponerla y repensar toda la cuestión desde el consenso.

En primer lugar la memoria histórica de España: cada vez que se ha impuesto algo semejante, sea en la II República sea en la España de Franco, los resultados han sido nefastos. No valen ni el rechazo irresponsable ni el trágala violento.

En segundo lugar la experiencia de un institución tan vieja como la Iglesia en sus concilios desde Nicea (325) al Vaticano II (1962-1965). Para las cuestiones de procedimiento o método se siguió siempre regla de meras mayorías, pero cuanto se trataba de contenidos doctrinales nunca se decidía como obligatorio en la fe algo que no fuera compartido por la inmensa mayoría o casi unanimidad moral.

La tercera razón es el ejemplo de las grandes naciones como Alemania, en las que las materias que afectan al fondo del país, como la educación y la política exterior, se consideran cuestiones de Estado y se resuelven por consenso entre los grandes partidos.

Hasta aquí el planteamiento de Olegario González de Cardenal (ver, por ejemplo, la síntesis que hace Aceprensa), con el que es relativamente fácil congeniar. De todos modos, entiendo que -como siempre- no son las leyes generales, sino los reglamentos concretos los que terminan definiendo las cosas efectivas que se promueven en una democracia parlamentaria.

Por eso, en mi caso particular, me parece que esta solución pragmática que propone González de Cardenal y que consistiría en "el estudio de la Constitución" puede ser útil para salir del paso, pero también puede convertirse en un cajón de sastre ideológico. Personalmente prefiero -en su lugar- los riesgos que implica la posición que el autor sitúa como primera alternativa de la tercera postura, y llama "refundición del programa".

Porque -como bien hace referencia a Aristóteles- es muy cierto que todos estamos implicados, nos guste o no, queramos o no, en asuntos de este calado: tanto por acción afirmativa o negativa, como por omisión y silencio.

Por eso, entiendo que -antes de pergeñar una asignatura como la ahora propuesta: única y obligatoria, con sus programas, manuales y profesores preparados ad hoc, casi con nocturnidad informativa para todos los implicados- conviene abrir un tiempo de estudio y debate público acerca de los contenidos y de los modos de aplicación.

No sólo es un asunto parlamentario (de los políticos), ni sólo profesional (de los profesores), sino que más bien tiene todas las trazas de un típico asunto cívico. Es cierto que todos sabemos sobradamente que el civismo hispano no da mucho de sí en estas lides, porque pide mucho esfuerzo intelectual y práctico, serio y continuado. Y menos desde el civismo hispano entendido como lo presenta ZP encabezando el gobierno y la mayoría parlamentaria.

Pero no estaría de más que tantas instituciones naturales y agrupaciones y asociaciones cívicas estudiaran, pensaran y participaran razonadamente en el debate público acerca de los numerosos implícitos de tan fundamental cuestión. Porque esas instituciones -mucho antes y mucho más que los intereses de los partidos políticos, atentos a los ciudadanos- se ocupan de suyo en cuestiones de la educación de las personas. Y en la educación de las personas también se incluye la educación para la ciudadanía. Pero no al revés.

Quienes saben acerca de lo que implica día a día la vida real de las personas (no sólo los personajes consumidores o votantes, etc.); quienes saben acerca de la identidad personal como configuradora de la sociedad civil: esas son o deberían ser las voces convocadas para un estudio y debate de este tipo. En lugar de una torpe imposición forzada de tenor totalitario.

03/07/2007

EpC: Peces-Barba debería copiar 100 veces la diferencia entre educar cívicamente y manipular

PecesbarbaPeces-Barba es uno de los promotores de la causa de entronización en España de "Educación para la Ciudadanía", una peculiar versión socialista de rasgos totalitarios de lo que plantea el Consejo de Europa con la Education for Democratic Citezenship and Human Rights.

Peces-Barba ha pontificado de nuevo, aporvechando que juega en casa (en un curso de verano sobre "Educación para la Ciudadanía y los derechos humanos", organizado por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, del que casualmente es director).

Peces-Barba se ha dignado decir en su veraniega pontificación universitaria, quizá pensando "salir en los papeles", como ha sucedido (más en la sección de religión que de política, quizá por su enfoque más clerical que cívico del asunto). Peces-Barba recomienda a los obispos en general y a "alguno de los señores cardenales" que "se modernicen un poco" y que "distingan entre ética privada y pública".

Peces Barba, para lograr tan benéfico efecto, pontifica también sobre el modo de lograrlo. Las fórmula es seguramente fruto de su larga experiencia docente, y quizá haya logrado una sonrisa aquiescente en sus oyentes veraniegos, seleccionados al efecto. Pontifica que los obispos y cardenales "deberían copiar 100 veces la diferencia entre ética pública y privada, que se ve que no la saben".

La fórmula es todo un ejemplo de modernidad, cortesía en el diálogo democrático y perspicacia didáctica. Todo un proyecto y un programa claramente innovador, de progreso, moderno y desde luego todo un ejemplo democrático de lo que es "educar para la ciudadanía".

No hace falta decir que eso hace referencia a la versión hecha por libre en España para que los españoles sean cada vez más acordes con la ética socialista. Es decir, para que, con la ética privada del señor Peces-Barba, los infantes hispanos sean en un futuro próximo, los ciudadanos europeos más modernos, progresistas e innovadores, que viene a ser lo mismo. Es decir, más ciudadanos de verdad.

El caso es que el señor Peces-Barba, como buen socialista en la corte del presidente Zapatero, sabe decir muy bien a los que no están de acuerdo con él (con sus ideas), y por tanto con el gobierno que ahora hace leyes y del que no puede dejar de ser muy amigo (con sus leyes), que -no estando en esto de acuerdo con él ni con su gobierno preferido- deben respetar la ética pública impuesta con la EpC. Es decir, la ética suya personal, privada, hecha pública por obra y gracia de un decreto ministerial.

El señor Peces-Barba, puesto a pontificar, dispone de un sólido sistema de razonamiento lógico que le permite llegar a decir que desde Santo Tomás (de Aquino) el mundo ha cambiado mucho, y que ahora -dice textualmente- "hay una ética privada, que puede ser católica, protestante o laica, y una ética pública que es la ética de la Justicia, del Estado democrático y de los Derechos Humanos".

O sea: si no entiendo mal al señor Peces-Barba, él sabe bien -pongamos- que una cosa es su posible ética privada -digamos- laica (no católica, ni protestante, y menos musulmana, etc.) y otra cosa es la ética -atención a la mayúsculas- de la Justicia, del Estado democrático y de los Derechos Humanos. Y que la primera no tiene nada que ver con la segunda. Acabáramos! Al fin hemos dado con la verdadera ética, la ética-ética, que -siendo pública- viene a ser como el café-café.

Me pregunto si es que el señor Peces-Barba, que parece presentarse como todo un experto poseedor de la mayúscula ética pública de la Justicia, del Estado democrático y de los Derechos Humanos, ha debido renunciar a toda ética privada, en especial -digamos- su ética laica.

Me pregunto también, siguiendo su impecable razonamiento, si él debería renunciar -o si ha renunciado o renuncia de hecho- a su ética laica cuando habla de la ética pública mayúscula. Es decir, me pregunto si el señor Peces-Barba tiene una doble conciencia, con una especie de piloto automático alternativo, que le permita manejarse según esté en plan privado o según esté en plan público.

Me pregunto si, por el contrario, quizá puede -o quizá debe, o no logra evitar- poner de manifiesto su ética laica, para que quienes le escuchen sepa de qué ética privada cojea, cuando habla, o escribe , o promueve legislaciones y educaciones para la ciudadanía... O si, en su caso -dado que es un experto en el manejo sus dos éticas- puede dejar caer algo de su ética privada por las entrelíneas de los decretos y leyes que reflejan la ética pública y en los que puede meter y de hecho mete la pluma... directa e indirectamente. El caso es que su ética pública huele demasiado a esa ética laica, laicista, que dice no usar porque -dado que es una personalidad pública- parece decirnos que se maneja ante la ciudadanía -e invita a hacer así a todos los demás- sólo con su ética pública. Peces-Barba con sólo una ética, como acusa a Santo Tomás, vaya.

Me pregunto, ya de paso, si no tendrá una ética laica privada que habrá entrado inopinadamente en los planes de EpC, a través de su pluma, cuando (se) ha planteado los contenidos de la Educación para la Ciudadanía. Al menos es algo que imagino que tiene que ver con la rimbombante "Cátedra de Laicidad y Libertades públicas "Fernando de los Ríos". Un mejunje con pretensiones sincréticas, muy interesante, nacido de "la colaboración entre la Fundación CIVES (formadora de más de 600 profesores en Educación para la Ciudadanía), el Instituto “Bartolomé de las Casas” y la Liga Española de la Educación y la Cultura Popular".

Hablo de mejunje, porque parece que en los contenidos nutritivos de los principios proporcionados a esos brillantes profesores de EpC figura -entre otras lindezas- tener en cuenta que "la palabra Dios carece de significación real, es una voz sin sentido que no afecta para nada a la vida de la mayoría de los ciudadanos en nuestra sociedad".

Esto -entre otras cosas pergeñadas por el señor Peces-Barba- es lo que se llama respeto dialogante del pluralismo ciudadano, ética pública respetuosa y democrática, y cosas por el estilo. Parece que Peces-Barba -embebido y quizá mareado entre los efluvios de la única ética pública con mayúsculas que cultiva- olvida que ya no estamos en tiempos de Santo Tomás, vaya por Dios, y que hay al menos dos éticas distintas. La suya laica y la pública que es de todos.

El señor Peces-Barba parece olvidar que la ética pública no es ni debe ser una versión de su ética privada laica. Y no debe ser una versión que todo ciudadano debe aceptar sin rechistar, porque el señor Peces-Barba no es una especie de ser angélico -mejor, extraterrestre- capaz de escindirse en dos, prescindir de su ética privada como quien prescinde del sombrero al entrar en el aula o en el parlamento, y además pergeñar una ética pública perfecta, que todo ciudadano en edad de estudiarla se debe aprestar a aprender sin rechistar.

El señor Peces-Barba quizá no sabe que todos sabemos -sin necesidad de considerarnos también unos listillos- que las cuestiones de ética pública que nos ofrece con la EpC, tienen un tufillo a su ética privada que es lo que echan para atrás a mucha, muchísima gente. Ciudadanos normales y corrientes. No una especie de caterva de ciudadanos medio imbéciles, anormales, extraños acólitos de esos obispos y cardenales que "deberían copiar 100 veces la diferencia entre ética pública y privada".

Me temo que es el señor Peces-Barba quien debería -si quiere- hacer ese interesante ejercicio de pedagogía sueca que propone para esas autoridades eclesiásticas.

Si se dignara usar su propia medicina, podría pensar -entre otras cosas- que también ha pasado mucho tiempo -mucho más que desde su denigrado Santo Tomás- desde que un tal Aristóteles escribió acerca de eso mismo, precisamente luego comentado por Santo Tomás.

En fin, quizá le baste al señor Peces-Barba leer el breve texto escrito por Alejandro Llano (3' en ConoZe.com) acerca de este turbio, sucio, manipulador y totalitario asunto de la EpC, en el que -entre otras- hace estas interesantes observaciones:

(...) Según Aristóteles, en la ciudad perfecta el buen hombre es idéntico al buen ciudadano. Pero no hay ciudades perfectas. De manera que, en la práctica, no es lo mismo el buen ciudadano que la buena persona.

El propio Estagirita admite que a quienes rigen la ciudad les corresponde educar a los ciudadanos por medio de leyes justas. Pero no se le ocurre referir esta enseñanza ética a todos los aspectos de la moral humana.

Transfiriendo esta teoría clásica a la actualidad, resulta que en todas la democracias normales y corrientes la educación cívica —que muchas veces no configura una disciplina determinada— se refiere a cuestiones del ámbito público, tales como el conocimiento de la constitución, la historia patria, la solidaridad entre los ciudadanos, la urbanidad cívica o civismo, la necesidad de pagar los impuestos justos, la posibilidad de ejercer la objeción de conciencia, y asuntos de este tipo.

En ninguna democracia liberal, que yo sepa, se incluyen en esta vertiente formativa las concepciones más profundas y personales. Si se intenta, el tufo a totalitarismo y manipulación es inevitable. (...)

Por la inequívoca presencia de este tufo en la Epc, el señor Peces-Barba debería copiar 100 veces la diferencia entre educar cívicamente y manipular. A lo mejor así se le pasa el pasmo de verse en posesión de la ética pública verdadera, universal y definitiva y deja de ser un penoso caso del tipo "consejos vendo, para mí no los tengo".

Porque, a fin de cuentas, la ética, pública y privada, se aprende a la vez, mientras se vive formando la propia conciencia desde niño hasta muy adulto. Y los responsables de la educación de los hijos, son los padres. Y como éstos no llegan a todo, han de contar con los maestros y ejemplos que les plazcan, no necesariamente con los que quiere el gobierno de turno o -lo que es peor- ese gobierno diciendo que es el Estado. Eso es, aunque suene fatal, lo que -con razón- se ha solido llamar totalitarismo, ya sea en forma de fascismo o de comunismo.

No sé por qué, dan retemblores pensando en la EpC como materia que es "Una, Grande y Libre", vendida esta vez por el señor Peces-Barba. Esta vez según su peculiar ética pública sin mancha de privada alguna. Cosa que -insisto- tiene visos de ser una vigorosa reencarnación ideológica socialista de la insulsa Formación del Espíritu Nacional franquista. Y no una aceptable aplicación de la "Education for Democratic Citizenship" promovida por el Consejo de Europa.

21/06/2007

Saludables y lógicas sospechas sociales ante la torticera versión española de la "Educación para la Ciudadanía"

Democratic_citizenshipEs lógico y saludable, en una situación cívica realmente democrática, que haya sectores de la sociedad -y a veces, incluso, sectores mayoritarios- que disientan activamente de las pretensiones de su gobierno y su parlamento.

Lo está poniendo de manifiesto la constante y creciente aparición de rechazos y desacuerdos explícitos con la normativa acerca de la peculiar versión del gobierno Zapatero de la "educación para la ciudadanía".

Algo que -en sí mismo, y según lo planteado por el Consejo de Europa- no tiene sentido rechazar a priori. Pero también algo que -en su traducción: más bien en la peculiar versión hecha en España- está haciendo sonar numerosas y justificadas alarmas. Porque se trata de una versión de la "Educación para la Ciudadanía" más bien torticera (Drae: "injusta, o que no se arregla a las leyes o a la razón").

Lo deja ver muy bien el profesor Jorge Otaduy, en el artículo publicado ayer en ABC: El pecado original de la educación para la ciudadanía. Tras unas acertadas precisiones acerca de la democracia, y de la inflexibilidad ministerial, hace ver que -a pesar de que se hayan presuntamente "rebajado" algunas posiciones-, siguen estando ahí las

"referencias más chirriantes a cuestiones con implicaciones morales inmediatas, como los tipos de familia, la dimensión humana de la sexualidad, la valoración crítica de la división social y sexual del trabajo y de los prejuicios sexistas".

Entre otras cosas, dice a continuación el artículo (Las cursivas y negritas son mías. Destacan algunos puntos clave en esta razonable perspectiva sobre la discutible y discutida "Educación para la Ciudadanía"):

"(...) Me parece injusto tachar de pusilánimes, alarmistas o de paradójicos colectivos anti-sistema a quienes alzan su voz manifestando la considerable incomodidad que les produce la perspectiva de la nueva asignatura. ¿Sobre qué fundamentos se harán descansar los valores constitucionales objeto de ilustración? ¿Cuál será el enfoque con el que los grandes dilemas éticos serán afrontados? ¿Qué tipo de educación afectivo-emocional inspirará la tarea formativa? ¿Qué idea de libertad subyace en los programas?

No es fácil quitarse de la cabeza que el Gobierno que ha pergeñado la disciplina es el impulsor de una legislación social -aprobada por mayorías parlamentarias a veces exiguas- que ha arrollado sin grandes miramientos convicciones y sensibilidades de millones de ciudadanos, en materias como el matrimonio o la protección de la vida humana. (...)

"El Gobierno pretende jugar la carta europea. El Consejo de Europa aprobó en 2002 una recomendación según la cual la educación para la ciudadanía democrática debe ocupar un lugar prioritario en la reforma y ejecución de las políticas educativas. La lectura del documento europeo permite calibrar la notable diferencia de fondo y de forma respecto de los textos españoles.

Lo que preocupa al Consejo de Europa es la apatía política y civil y la falta de confianza en las instituciones democráticas, la corrupción, el racismo, la xenofobia, el nacionalismo violento, la intolerancia ante las minorías, la discriminación y la exclusión social, elementos que representan todos ellos una importante amenaza a la seguridad, estabilidad y crecimiento de las sociedades democráticas. Las referencias a fundamentos ético-morales brillan por su ausencia y el mundo afectivo-emocional no aparece mencionado entre los objetivos de la educación para la ciudadanía democrática.

Por otra parte, no parece que la responsabilidad de transmisión de las mencionadas competencias a los ciudadanos haya de reposar, poco menos que en exclusiva, sobre el sistema educativo. La educación para la ciudadanía democrática es tarea de toda la sociedad y en especial, precisa el Consejo de Europa, de la familia. La búsqueda del pasaje paralelo en los textos españoles resulta infructuosa.

"El maquillaje de última hora ha disimulado los defectos más vistosos, pero no ha transformado la naturaleza de la disciplina. La actual educación para la ciudadanía no puede ocultar que es hija de un poder adornado con ribetes de laicismo, que tiende a una interpretación exclusivista y autoritaria del «mínimo común ético constitucionalmente consagrado», en lugar de reconocer los derechos de libertad ideológica y religiosa de las personas y favorecer su libre ejercicio.

No es inocente que la propia LOE advierta que los contenidos de la asignatura no pueden considerarse sustitutorios de la enseñanza religiosa. El legislador respira por la herida; parece comprender que una lectura sin prejuicios puede razonablemente conducir a la conclusión de que el sentido de la educación para la ciudadanía es contribuir a establecer, con patrocinio estatal, un código ético alternativo o a crear una nueva conciencia social, mejor acomodada a la realidad legal.

"La educación para la ciudadanía es una hermosa criatura, pero, en España, ha venido al mundo con pecado original."

En efecto: entender la crítica y el rechazo social ante una medida gubernamental como algo injusto y dañino para la vida cívica democrática tiende a recordar demasiado otros procederes, peculiarmente "democráticos". Sin ir más lejos, como los del gobierno del presidente Chávez y su respeto por la libertad de información en Venezuela.

Observatorio_objecionEn el sentido de esta anotación, es también recomendable leer lo publicado por Aceprensa: La Educación para la Ciudadanía, asignatura discutida. Organizaciones familiares promueven la objeción de conciencia frente a la asignatura.

Y puede resultar de interés la documentación contenida en las diversas secciones del website del Observatorio para la Objeción de Conciencia.

Otras anotaciones en Scriptor.org sobre la "Educación para la Ciudadanía":
Objeción de conciencia ante Educación para Ciudadanía: aumentan los objetores y también las amenazas gubernamentales.
Personas y ciudadanos: ser "alguien" antes de ser "algo": objetores contra la "Educación para la Ciudadanía" [+ Actualiz.]
Familia presenta escrito de objeción de conciencia frente a la "Educación para la Ciudadanía".
La "Educación para la ciudadanía", chanchullo ideológico del gobierno español.
Rechazo de la asignatura "Educación para la Ciudadanía".

Recibo ahora mismo (como casi todos los días, desde hace semanas, y desde Profesionales por la Ética), una información según la que -ayer, esta vez- La Asamblea de la Asociación de Padres y Madres de Alumnos del Instituto de Educación Secundaria "Javier de Uriarte", de El Puerto de Santa María, ha aprobado por unanimidad mandar un escrito (adjunto para descargar) a la Dirección del Colegio en el que se exponen las razones por las que los padres del Instituto se oponen a la asignatura EDUCACION PARA LA CIUDADANIA en los términos previstos en el decreto de enseñanzas mínimas del Ministerio de Educación.

Los padres solicitan, además, que se respete el derecho a la Objeción de Conciencia de los padres ofreciendo a los alumnos una actividad alternativa y evitando ningún tipo de represalias hacia los alumnos.

Todo un ejemplar ejercicio de civismo democrático.

Objeciones_enelpuerto

14/06/2007

¿En qué es comparable esta Educación para la Ciudadanía y la "Formación del Espíritu Nacional" de tiempos pasados?

Sobre el particular escribí una anotación aquí, Personas y ciudadanos: ser "alguien" antes de ser "algo": objetores contra la "Educación para la Ciudadanía" [+ Actualiz.]. Y mantuve un diálogo con un posible futuro profesor de EpC, que consideraba aceptable y razonable la materia en sí misma, aunque no hablaba del modo en que era "ofertada" por el Ministerio.

Por si resulta de interés, subo aquí lo que está en los comentarios de esa anotación. Como no tenía tiempo, resulta larga la comparación entre esta EpC y la "Formación del Espíritu Nacional" que -como muchos otros, hoy de todo pelaje ideológico- tuve que aprobar en tiempos franquistas:

Recibo de un lector este cometario, bien pensado y escrito:

Al respecto de EpC creo que se está haciendo un flaco favor a la verdad. Se ha exagerago tremendamente el tema y la CEE está quemando todos sus cartuchos en algo sin importancia. La gente, no sólo la de a pie, sino periodistas y educadores creen que el currículum de la asignatura es incompatible con la fe cristiana. Muchos medios se pasan el día recordándonos lo de 'Alí Babá y los...', (por eso me dio pena verlo aquí también), y eso no es más que un hecho aislado en un contexto muy concreto y ultrapolitizado.

Tengo la continua sensación de que en la iglesia española se está perdiendo la libertad evangélica, que se lucha más contra la política de Zapatero que por evangelizar. Es un juicio duro, pero al ver la virulencia del debate y el tono personal con que algunos se lo están tomando pues da que pensar.

Yo soy profesor de religión, seguramente imparta EpC, tengo ya el libro, y me parece estupendo su contenido. Claro, insuficiente para formar personas, para eso hay más asignaturas como Religión, Filosofía, Ética, y ofertas de crecimiento en la fe y como persona (al menos en mi centro). Pero esta asignatura viene a completar un vacío en la educación.

Creo que en los centros católicos se puede coordinar perfectamente con el resto de asignaturas de Humanidades para llegar a formar el perfil que deseamos para el alumno.

Le contesto diciendo:

(...) He de decir que no sigo de cerca lo que aparece en la prensa española sobre esta asignatura obligatoria de EPC. Por tanto, tampoco sé bien qué cartuchos quema la CEE al respecto.

Personalmente este asunto me produce algo parecido a lo que -en su momento, hace ya tiempo- me produjo el tener que examinarme de "Formación del Espíritu Nacional" al hacer las entonces llamadas reválidas del Bachillerato. Algo que -según veo al buscar en google- ocurre a otros también, como Josep Miró i Ardèvol o a Enrique Ujaldón. Ya sé que quizá la comparación de esta EPC con aquella FEN puede parecer una exageración, porque entonces estaba vigente (digámoslo con el maniqueísmo al uso) el maldito franquismo, y ahora está la bendita democracia, ahora administrada por manos socialistas... Seguro que Zapatero y su equipo son demócratas y llenos de buenas intenciones para el bien común, pero -por lo que se deja ver- no dejan de tener al tiempo, algo más de un gen de mentalidad totalitaria en su genoma de equipo de gobierno. Y lo que me repugna es precisamente esa mentalidad, aunque aparezca vestida con guante de seda democrática.

Decía que hace tiempo tuve que examinarme de FEN. Sólo examinarme, porque, por fortuna, la enseñanza de esa materia brilló siempre por su ausencia. No hubo nada que pudiera ser considerado ni de lejos 'lavado de cerebro' y por lo común, se dejó al buen albur de cada uno decir lo que quisiera en los exámenes escritos. Probablemente, nadie los corregía. En cualquier caso, no había en aquellas circunstancias ningún "ensañamiento pedagógico" al respecto.

Digo que algo semejante a esto de la FEN sucede con el planteamiento de la EPC, pero con la diferencia de ver un algo de aquel "furor pedagógico" entonces inexistente. Algo semejante hay, desde luego, porque esta materia -si no me equivoco- se plantea, según parece, como obligatoria, y con problemas de avance en los estudios si ni se cursa o se aprueba, según amenazas que surgen por un lado u otro (JA Marina, la Consejería de Educación de Castilla-La Mancha, etc.). Pero, además de lo dicho, este asunto es a la vez algo no tan semejante, por algunas razones, dichas así de pronto.

La primera, porque todo el mundo sabía que aquello de la FEN no era una materia "seria", ni importante, ni digna de estudiarse: era, junto a "religión" y "deporte", la tercera asignatura "maría", la más "maría" de las tres "marías". Parecía más bien -como la gimnasia o el "deporte"- un modo pacífico de colocar y remunerar con un pobre sobresueldo como profesores a algunos franquistas con tiempo de servicio genérico a la causa, y quizá en paro laboral.

La segunda, porque -insisto- era una asignatura con pública patente de asunto marginal: era algo al margen del genuino curriculum. Nadie perdía curso o cosa semejante por no examinarse, y lo normal era el consabido "aprobado general", etc.

La tercera, porque era claro que se trataba de "infundir" en los estudiantes el "espíritu nacional" vigente en la cabeza de los gobernates. Pero se trataba de una infusión que venía muy desvaída, debido al matiz de las dos razones previas.

Con la EPC, pienso que hoy está en juego un asunto que no se presenta como "marginal" a ojos de nadie. Y -curiosamente- se presenta como carente de cualquier apariencia de pretensión de "infundir", orientar o -en román paladino- marcar o manipular la mentalidad de los estudiantes. Y si a algunos nos lo parece, resulta que -desde el Ministerio, o desde JA Marina y demás, etc.- llegan voces oficales y oficiosas que dicen que la "marca" que se trata de poner en los estudiantes es 100% natural, limpia, buena, o -si no es buena- en cualquier caso inocua. Nunca nada de naturaleza problemática, forzada, o sin más (lo digo para termiar sin alargar más estas líneas a vuelapluma) orientada hacia la promoción de un tipo de "ciudadanía" en la que la tolerancia se confunde con el relativismo, y el bien común termina dependiendo de la mano oculta o mejor, "invisible", como diría Adam Smith, que sacará bienes comunes de los egoísmos individuales fomentados en la cidadanía de la colmena social.

No, gracias. Ese ciudadanismo de raices racionalistas ni es republicanismo ni liberalismo, porque de entrada eso no es una práctica cívica.

Si se toma en consideración los alcances de la "verdad práctica" filosófica, cabe entender la coexistencia de una pluralidad de doctrinas "verdaderas" incompatibles entre sí. Esta postura supone una apuesta que va más allá del pluralismo de doctrinas (religiosas, filosóficas y morales) meramente "razonables", incompatibles entre sí, tal como lo presenta el liberalismo político de John Rawls.

Hay muchas razones para no aceptar sin más la legitimidad de una EPC que va mucho más allá de lo que pudiera ser considerado un manual de "buenos modales" ciudadanos. Porque si se trata de "la" única educación ciudadana disponible, de entrada presenta visos de absoluto y necesario, visos muy poco prácticos y decidibles, desde un punto de vista cívico y político, sea de corte republicano o de corte liberal.

Sin hacer aquí un largo recurso a la filosofía práctica, y sin por eso hacer tampoco la menor concesión al escepticismo, tiendo a pensar como lo ha hecho un renovador de la filosofía práctica como es Fernando Inciarte, cuando dice que “la inextricabilidad de verdad y no-verdad (a no ser que se tratara de una fe verdadera, pero entonces ya no sería verdad humana), esa inextricabilidad no es una carta blanca para no seguir buscando la verdad; es más bien, al contrario, el mayor acicate para seguir buscándola; para no tumbarse sobre falsos laureles; para no dejarse llevar por el peor de los vicios, por la pereza del corazón”.

Por eso, por ejemplo, encontramos que también advierte Lourdes Flamarique al hablar del pensamiento de Fernando Inciarte, que, frente a la concepción moderna y abstracta de la razón, Inciarte propone la recta ratio, una razón corregida, vital. Esta —y no la razón sin más— es responsable de nuestras acciones logradas porque decidir sobre el bien es decidirse prácticamente por el bien; supone en definitiva retrotraer la pregunta por el bien —de suyo inútil y vacía— a la pregunta por el modo adecuado de decidirnos, “porque sólo el que se decide deliberadamente, sin dejarse llevar por los vientos de la opinión, de la costumbre, del placer, etc., etc., es capaz de dar con el bien, sea éste el que sea”.

Dice también Fernando Inciarte que tampoco cabe pensar que nuestros conceptos constituyen la realidad según una especie de constructivismo conceptual. “El republicanismo como constante histórica no es ni una realidad de por sí, ni es una vaga serie de rasgos de familia unidos sólo por el uso correcto de una palabra. Ni en realidad se reduce a una sola interpretación, ni sus múltiples interpretaciones posibles son plenamente definibles o aceptables; pero tampoco depende de convenciones pragmáticas el aceptarlas o rechazarlas, y su margen de variabilidad, por más que sean indefinibles, no es ilimitado, puesto que también la realidad histórica se ha formado con anterioridad a nuestras teorías sobre ella. El concepto no miente, pero no es más que una abstracción, no una copia fiel de la realidad, cosa imposible. De ahí la necesidad de una continua investigación y reflexión también sobre las realidades históricas. Porque aunque ya hayan pasado, nunca pueden conocerse de una vez”.

Dicho de otra manera, que quizá pueda parecer a alguno "confesional", por tomar palabras de Juan Pablo II, sucede que sin una verdad trascendente, triunfa siempre sin más la fuerza del poder, utilizado en todas sus virtualidades para hacer prevalecer los propios intereses u opiniones, sin ningún respeto real por nada ni -sobre todo- por nadie. "El totalitarismo nace de la negación de la verdad en sentido objetivo. Si no existe una verdad trascendente -afirma Juan Pablo II, una de las escasas autoridades universales públicamente reconocidas en este asunto-, triunfa la fuerza del poder, y cada uno tiende a utilizar hasta el extremo los medios de que dispone para imponer su propio interés o la propia opinión sin respetar los derechos de los demás" (Centesimus annus, nº 44). Y en otro lugar añade: "el derecho al respeto de la conciencia en su camino hacia la verdad es sentido cada vez más como fundamento de los derechos de la persona, considerados en su conjunto. De este modo, el sentido más profundo de la dignidad de la persona humana y de su unicidad, así como el respeto debido al camino de la conciencia, es ciertamente una adquisición positiva de la cultura moderna" (Veritatis splendor, nº 31).

Seguir hablando de la conciencia y su formación sería demasiado. Gracias por soportar estos párrafos en pro de la verdad y la libertad, ante los básicos problemas que vienen con el relativismo proclamado como materia de obligatorio estudio y -esperemos que no lo sea- obligado cumplimiento, una vez integrado como si fuera el mínimo común denominador vital.

Ánimo (...) con la asignatura, porque -por lo leído sobre ella- me da la impresión de que no está pensada como si fuera simplemente una visión más, discutible y razonable, junto a otras posibles visiones alternativas del ser humano, algo que los alumnos pudieran o tuvieran que contrastar por sí mismos, dentro de la misma asignatura (sin tener que poner juntos a discutir ante los alumnos a los profesores de EPC, religión, ética, o estética...). La impresión es que con la EPC y sus manuales, casi todas las cosas que atañen a la conciencia ya vienen dadas por contrastadas y bien contrastadas, y se presentan como atadas y bien atadas, sin libre discusión razonada.

La trascendencia real no es algo que sólo pertenece al ámbito privado, individual, como plantea la mentalidad laicista y quiere imponer la política de igual signo. Tiene -como tenemos todas las personas- presencia y relevancia pública.

13/06/2007

Objeción de conciencia ante Educación para Ciudadanía: aumentan los objetores y también las amenazas gubernamentales

EpcDa la impresión de que este asunto de la objeción de conciencia ante la "Educación para la Ciudadanía" está poniendo muy nervioso al gobierno español, representado en este caso -junto a otros "voluntarios" como JA Marina- por la ministra de Educación y Ciencia, Mercedes Cabrera.

No entiendo bien el planteamiento cerril, con ribetes de fanatismo (tenacidad desmedida y apasionamiento), que hace la ministra con sus "advertencias" en el Pleno del Congreso y recoge El Mundo, impropio del talante conciliador del gobierno Zapatero: Cabrera: quienes no estudien Educación para la Ciudadanía no obtendrán su título. Y tal cosa, después de hablar de tolerancia y responsabilidad intercultural hasta casi gastar esas palabras.

Quizá es que se trata de una nueva especie de "tolerancia" y responsabilidad, sólo unidireccional: de los ciudadanos ante lo que obliga el Ministerio. A esa postura, en fin, antes, se la llamaba con palabras cercanas a los campos semánticos del totalitarismo o de la dictadura.

Quizá es que aún no ha o han podido espigar entre la misma bibliografía recomendada por el Ministerio: por ejemplo, acerca de lo que ofrece la Fundación Baruch Spinoza, útil, ni más ni menos, para aplicar "con el propósito de desvelar las actitudes y comportamientos intolerantes y propiciar la reflexión y la modificación de actitudes".

Quizá es porque hay gente que ha desvelado actitudes ministeriales intolerantes y busca la modificación de actitudes (lo encuentro fácilmente en google) con las que el Gobierno amenaza al movimiento de Objeción de Conciencia a la EpC.

El caso es que, sin la menor duda, parece que por esas ciudades de la piel de toro -vistas actitudes y comportamientos gubernamentales poco educados para la ciudadanía- han decidido actuar según su responsabilidad educadora, atropellada por la imposición cerrir de esta dudosa EpC, y se van acumulando objeciones de conciencia al respecto: en junio, más de 3.500...

Por otra parte, me parecía haber leído en algún sitio nada sospechoso para el Gobierno que, por decisión del mismo Ministerio, se puede pasar de curso con alguna que otra materia suspendida:

La nueva LOE permitirá pasar curso aprobando sólo más de la mitad de las asignaturas. La frontera entre el suspenso y el aprobado se reducirá a partír del curso 2008-2009.

Los alumnos de Primero de Bachillerato que hayan superado más de la mitad de las materias no tendrán que repetir el curso y cursarán las materias suspendidas junto con otras del Segundo curso, según la propuesta del Real Decreto de Bachillerato que desarrolla la Ley Orgánica de Educación (LOE), presentada hoy por el Ministerio de Educación y Ciencia.

También me parecía que desde posiciones de todo el arco ideológico español se han planteado cuestiones de objeción de conciencia (ver entradas en Google) desde hace mucho tiempo. Bien es cierto que las objeciones de unos no siempre gustan a otros. Pero ahora me sorprende que desde el poder gubernamental no se tolere la objeción de conciencia referida al estudio de una materia fuertemente ideológica como es Educación para la Ciudadanía.

Y me sorprende, sobre todo, porque -si no me equivoco- sucede en España que sigue vigente lo que el Tribunal Constitucional ha dictaminado al respecto, según palabras del profesor Rafael Navarro Valls, catedrático de la Complutense de Madrid, miembro de número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación y autor de más de cien trabajos sobre Derecho familiar, libertad religiosa y objeción de conciencia:

el Tribunal Constitucional —tomando ocasión de un recurso planteado contra la ley de aborto— hizo notar que no era estrictamente necesaria una regulación de la objeción de conciencia para que ésta fuera protegida en cuestiones distintas a la clásica sobre el servicio militar.

Concretamente, en su sentencia de 11 de abril de 1985 señalaba: Por lo que se refiere al derecho a la objeción de conciencia..., existe y puede ser ejercido con independencia de que se haya dictado o no tal regulación. La objeción de conciencia forma parte del contenido del derecho fundamental a la libertad ideológica y religiosa reconocido en el art. 16.1 C.E y, como este Tribunal ha indicado en diversas ocasiones, la Constitución es directamente aplicable, especialmente en materia de derechos fundamentales.

Esta sentencia es una verdadera carta magna de la objeción de conciencia en España, que ya se ha aplicado al caso del aborto y a otros supuestos no regulados explícitamente. Como el propio Tribunal Constitucional ha reiterado, la objeción de conciencia es un verdadero derecho constitucional, esté o no regulado en leyes positivas.

En fin, ahí sigue la cosa, como -por ejemplo- deja ver Análisis Digital:

-- El Ministerio de Educación amenaza: objetar contra “Educación para la Ciudadanía” tendrá “consecuencias académicas”.

-- El Foro Español de la Familia advierte al Ministerio que “no va a amedrentar con amenazas a las familias españolas”.

-- Andalucía se subleva frenta a "Educación para la Ciudadanía".

-- Y recuerda la Carta de los Derechos de la Familia, que la Santa Sede dirigió a todas las personas, instituciones y autoridades interesadas en la mision de la familia en el mundo contemporáneo. Carta que, en el encabezamiento de su Artículo 5, dice: "Por el hecho de haber dado la vida a sus hijos, los padres tienen el derecho originario, primario e inalienable de educarlos; por esta razon ellos deben ser reconocidos como los primeros y principales educadores de sus hijos."

[Más, en Scriptor.org, Saludables y lógicas sospechas sociales ante la torticera versión española de la "Educación para la Ciudadanía"]

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¿En qué es comparable esta Educación para la Ciudadanía y la "Formación del Espíritu Nacional" de tiempos pasados?

Sobre el particular escribí una anotación aquí, Personas y ciudadanos: ser "alguien" antes de ser "algo": objetores contra la "Educación para la Ciudadanía" [+ Actualiz.]. Y mantuve un diálogo con un posible futuro profesor de EpC, que consideraba aceptable y razonable la materia en sí misma, aunque no hablaba del modo en que era "ofertada" por el Ministerio.

Por si resulta de interés, subo aquí lo que está en los comentarios de esa anotación. Como no tenía tiempo, resulta larga la comparación entre esta Epc y la "Formación del Espíritu Nacional" que -como muchos otros, hoy de todo pelaje ideológico- tuve que aprobar en tiempos franquistas:

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