3 entradas en la categoría "Robert Spaemann"

19/11/2007

Dice Machado: "¿Tu verdad? No, la verdad. Y ven conmigo a buscarla..."

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La viñeta de hoy del New Yorker da que pensar. Un poco, al menos. Y viene el recuerdo de aquella frase de Machado, don Antonio, bien conocida (quizá menos apreciada y practicada) que dice así: "¿Tu verdad? No, la verdad. Y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela".

Ahí está el viejo pregrino, dispuesto a emprender la marcha en busca de la verdad, pero dudando si no será en la dirección en que mira, tan iluminada con esas luces de neón que parecen ofrecer seguridad y calor, centelleando con ritmo más o menos acogedor.

Y a propósito de la verdad y la comunicación pública, viene al recuerdo la frase de aquel C. P. Scott, en el Manchester Guardian del 6 de mayo de 1926, según la cual "los hechos son sagrados; las opiniones, libres", que siempre resulta enigmática, sobre todo si se pone junto a aquella otra de Robert Park que asegura (no está claro si lo dice en plan sacro o en plan libre) que "los hechos más importantes son las opiniones".

Ante el vértigo sofista que esa perspectiva levanta, mejor pensar con Machado y salir juntos en busca de la verdad, en plan humilde. Sobre todo, cuando tantos medios y tantos discurseadores -llenos de luces y colorines, como en la viñeta del New Yorker- nos dicen "¿Tu verdad? No, la mía... La tuya, guárdatela".

Mejor salir de "mi verdad" y de "tu verdad", dispuestos a dialogar, buscando la verdad. Aunque el diálogo humilde lleve en sentido opuesto del brillo de las cómodas y "seguras" ofertas de simples certezas (periodísticas, políticas, académicas, científicas...), meras fachadas y apariencias acogedoras de una verdad a la que no se quiere ir, una verdad que no se quiere buscar.

No está de más que alguien -como espero que hará el humilde y barbudo peregrino del New Yorker- deje de lado la escéptica y resignada renuncia a la verdad, una renuncia llena de promesas de luces y colorines, de novedades combinatorias siempre cambiantes (un bonito caleidoscopio) y se disponga, como dice Robert Spaemann, a "entenderse acerca de lo que queremos decir cuando llamamos real a algo y cuando llamamos bueno a algo".

Y de ahí, a saber acerca de la Verdad. A fin de cuentas, más que poseerla, terminaremos felizmente siendo poseídos por ella.

O algo así. Porque el peregrino de la viñeta tampoco parece Anotonio Machado.

21/03/2006

Frase de R. Spaemann e imágenes sobre el embrión humano

En Italia hay clima pre-electoral intenso, y los asuntos relacionados con el respeto y la defensa de la vida humana han salido a relucir en la prensa de modo natural. Tanto cuando habla Ruini de esa defensa, sin inclinarse de modo partidista, como cuando lo hacen los partidos políticos, reaccionando ante esa postura. No es necesario repetir que el clima italiano en estos temas no está crispado al modo hispánico: con las pertinentes excepciones de gentes que llevan "la rosa nel pugno" y demás, es ésta una prioridad compartible por buena parte del arco de partidos, hasta más allá del mismo centro del centro-sinistra.

Pensando en el tema en cuestión, y en un lector no interesado en la situación italiana, encuentro en Arguments una frase de Robert Spaemann sobre la vida del embrión humano que hace pensar:

De algo no deviene alguien. (...) Nosotros decimos 'nací tal y tal día' e incluso 'fui engendrado tal y tal día', aunque el ser que fue engendrado o nació en el momento en cuestión no decía en ese instante 'yo'. Pero no por eso decimos, sin embargo, 'aquel día nació algo de lo que procedo yo'. Ese ser era yo.

El lenguaje -como hace poco también decía aquí Manuel Casado- hace pensar en la realidad que señala o la realidad por la que está. En este caso, ayudan también unas imágenes mudas (de livedigital), que hacen incluso repensar lo dicho por Spaemann:

También encuentro en Diario Médico noticia del reciente "Manifiesto de Salamanca", en el que un buen número de Catedráticos y profesores de Medicina, han elaborado un texto al que se ha adherido el 80 por ciento del profesorado. Es una reflexión ante la ausencia de la opinión médica en la elaboración del proyecto de ley de reproducción asistida. Apoya la medicina regenerativa, pero por medios que no conlleven destruir el embrión.

12/12/2005

Robert Spaemann: La convivencia de creyentes y no creyentes en una sociedad moderna

Spaemann
Robert Spaemann participó en el VII Congreso "Católicos y vida pública", organizado por la Universidad San Pablo - CEU, el pasado dia 18 de noviembre. De este Congreso ya publiqué aquí una rápida, limitada y subjetiva visión como participante invitado.

Ahora dispongo del texto completo de la ponencia de Spaemann, que sigue a continuación. Es largo, pero merece la pena. Según se comprueba leyendo el texto, es un filósofo que -como ciudadano- resulta muy tolerante, ya que tiene fuertes convicciones. Y aunque esto pueda parecer una paradoja, no lo es.

La auténtica paradoja está en que -como dijo Sapemann en otra ocasión- es el relativismo lo que hoy se esconde detrás de la palabra tolerancia. La verdadera tolerancia, en cambio, presupone que hay convicciones; las convicciones son algo valioso para el hombre. Hoy, en nombre de la tolerancia, se prohíben las convicciones. Si hoy alguien manifiesta una convicción firme, se le llama intolerante.

Robert Spaemann: “«Pax Illis et nobis communis» (St. Agustin) – La convivencia de creyentes y no creyentes en una sociedad moderna”

En una audiencia, preguntaron a Buttiglione[ver aquí "The Buttiglione affair"] por sus convicciones personales a propósito de la familia, de la posición de la mujer y de la homosexualidad. Respondió haciendo, en primer lugar, la distinción kantiana entre derecho y moral. No todas las normas morales pueden ni deben convertirse en normas jurídicas. No todo lo que consideramos mandamiento moral puede ser mandado también jurídicamente e impuesto por el Estado. Buttiglione hacía propio el Estado moderno de Derecho y de libertades. No obstante, también para este Estado de Derecho existen obligaciones de tipo preestatal. Por ejemplo, el Estado tiene que tener en cuenta el hecho de que, por una parte, los niños necesitan a sus madres y crecen del mejor modo si las madres disponen de una cierta cantidad de tiempo para ellos, y de que, por otra parte, las mujeres tienen hoy más que antes el deseo de una actividad profesional fuera de casa. De modo que es una tarea del Estado preocuparse por la legislación correspondiente a una mejor compatibilidad de las obligaciones profesionales y familiares. Aunque no fuera por otra razón, la catastrófica situación demográfica obligaría a ello.

Por lo que se refiere a la homosexualidad, a propósito de la cual se pidió también la opinión personal de Buttiglione, él condenaba la discriminación de personas homosexuales, pero se identificaba en sus convicciones personales con la doctrina del Catecismo de la Iglesia católica, según la cual la tendencia homosexual es un defecto y su ejercicio práctico un pecado. Esta confesión fue el motivo del rechazo de su candidatura.

Lo que significa, tanto en alemán como en español, que un católico cuyas convicciones coincidan con la doctrina moral de la Iglesia católica, sólo por ese motivo, no está cualificado para ocupar un puesto de dirección en la Comunidad europea. Hay que añadir que se trata de la doctrina moral de toda la tradición cristiana, e igualmente de la tradición filosófica de Europa, incluida la época de la Ilustración. Y hay que añadir que, según los criterios aplicados en el caso Buttiglione, los padres fundadores de la nueva Europa tras la segunda guerra mundial no podrían ocupar ningún puesto de dirección en esta Europa. Robert Schuman, Alcide de Gasperi, Konrad Adenauer eran, los tres, católicos ortodoxos.

Como se ha dicho, estos acontecimientos no han conducido a una crisis, porque la cristiandad europea está claramente atemorizada. Pero tanta más razón hay, por tanto, para repensar a fondo el estatus de los ciudadanos religiosos en el moderno Estado de Derecho. Y digo en el moderno Estado de Derecho; no digo en el Estado secular, como se dice habitualmente hoy día.

Quien caracteriza al Estado moderno como Estado secular ha tomado ya partido por una posición. Se hizo muy claro recientemente en un artículo del conocido escritor y periodista alemán Jan Philipp Reemtsma, en el periódico Le Monde Diplomatique. El artículo se titulaba ¿Tenemos que respetar a las religiones? La respuesta era No. Tenemos que tolerar conciudadanos religiosos, lo queramos o no. Pero en un estado secular son y permanecen unos extranjeros. Con gentes que comparten la doctrina del Papa sobre la relación entre el derecho divino y el humano, sólo hay una tregua. La sociedad secular se siente orgullosa de no reconocer ningún origen divino a la distinción entre malo y bueno; se considera a sí misma como la creadora de esta distinción.

Por ello, para los que defienden esta opinión, los cristianos, que no comparten este orgullo son ciudadanos de un Estado secular sólo en el sentido en que los árabes israelitas son ciudadanos del Estado de Israel. Por la naturaleza misma de las cosas, el orgullo de un Estado judío no puede ser su orgullo, pues el Estado de Israel se define a sí mismo como un Estado judío. Así también, según la concepción de laicistas militantes como Reemtsma, el moderno Estado se define como Estado secular que tiene por presupuesto la no existencia de Dios, o la falta de toda consecuencia por su eventual existencia.

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