Es muy probable que a nadie interese esto, pero he de decir que la ejecución de Saddam Hussein me ha revuelto las entrañas físicas y morales.
Hay al menos dos razones que me inclinan a temer por quienes se alegran o justifican (en su fuero externo o interno, tanto da) que esta ejecución haya tenido lugar. Es decir, me inclinan sin más a deplorarla de raíz, como un acto de incultura bárbara, de justicia mediatizada, precipitada, tosca y cruel.
Saddam Hussein, sin entrar en detalles, ha sido con mucha probabilidad un tirano sangriento y un dictador con masivos y horrendos asesinatos, una especie de Hitler en su género y escala. (Dicho sea sabiendo que estas comparaciones son odiosas: no es momento de traer a colación la inhumanidad de los bombardeos civiles de Dresde y Hamburgo -al napalm- o los atómicos de Hiroshima y Nagasaki, con víctimas tan inocentes y casi tan numerosas como las del Holocausto... Tampoco es momento de más consideraciones y recuerdos de otros signos y sesgos, tipo Ceausescu o Mussolini).
La razón básica y principal para rechazar el ahorcamiento de Saddam Hussein es el respeto debido, dicho sea de una vez, a la sacralidad de la vida humana. Lo es la vida de cualquier persona, desde su concepción hasta su muerte natural. Por muy molesta que una persona sea, como embrión, como anciano, como enfermo terminal, etc.; por muy molesto y peligroso criminal resulte un ciudadano o estadista, su vida no está entre las atribuciones ordinarias de quienes hacen legítimamente justicia en la sociedad civilizada.
Es cierto que -como hipótesis- puede haber circunstancias y casos extremos, claramente excepcionales, en que cabe el recurso a la pena de muerte. El bien común exige, desde luego, colocar cuanto antes y según derecho, al agresor criminal -al genocida efectivo- en situación de no poder causar nuevos perjuicios.
La segunda razón, de orden más bien político, es que Saddam Hussein, apresado, estaba ya en esa situación de no causar perjuicios. Es cierto que su memoria podía ser utilizada para azuzar la guerra civil en Irak. Pero también es cierto que en nuestas democracias avanzadas hay medios civiles y civilizados (información y educación, para empezar) capaces de neutralizar esa posibilidad, entre nostros mismos y desde nostros mismos, en otros lugares.
El caso es que muerto y considerado "como un mártir" (contra toda lógica racional), es a todas luces un peligro efectivo para el bien común. Su muerte no tiene que ver con la preservación del bien común de la sociedad, si no es como condición de posibilidad de la partición de Irak en tres naciones o regiones étnico-religiosas. Pero también es de temer -y ojalá me equivoque- que esto sea un paso adelante en la generalización y enconamiento de un conflicto ya de por sí deplorable.
Dicho sea esto desde una simple mentalidad de europeo de a pie, con convicciones básicas enraizadas en una tradición judeo-(y sobre todo) cristiana, y con unas subsiguientes categorías y valores democráticos, no sólo para ser convenientemente mencionados con ruido de palabras (flatus vocis), sino vividos de modo habitual, capaces de dar sentido real y credibilidad al rechazo frontal del terrorismo y del fundamentalismo.
La oportunidad política de la ejecución de Saddam Hussein es una ecuación (que no termino de entender, con tanto ruido de palabras) en la que (callando con astucia la economía del petróleo y la geopolítica de la guerra), se sopesan con circunspección argumentos que son colaterales: en torno a la soberanía de Irak, la independencia del tribunal, la condena e inquietud europea, el respiro estadounidense, la indignante fecha elegida, etc.
Todo eso parece, desde las convicciones, categorías y valores antes mencionados, meros flatus vocis que refieren o callan asuntos de circunstancias. Para quedar bien, según destaquen las oportunidades y conveniencias o los inconvenientes políticos y económicos que ahora supondrá haber eliminado por ahorcamiento esta (indeseable y sagrada) vida humana.
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Actualización (10 Enero 2007): tras recibir más de 2.500 visitas en esta anotación, entiendo que el interés por el tema sigue vivo. He escrito de nuevo, también aquí en Scriptor, "Más sobre el video de la ejecución de Saddam Hussein".
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Actualización (02 Enero 2007): ante el inusitado crecimiento de entradas (más de 850 1000 hasta el momento, 6:00pm 10:00pm), debido sin duda al algoritmo de Google que hace figurar hoy esta anotación entre las primeras del asunto (ejecución Saddam Hussein), cabe añadir algunas referencias que puedan ser de utilidad para los lectores. En especial, algunas publicadas después de la difusión del video con sonido directo de la ejecución. (Imágenes que, desde luego, aquí no se ofrecen: no todo lo que se "puede" técnicamente ofrecer, se "puede" profesionalmente ofrecer).
Clarín - EE.UU. apretó el gatillo en un juicio crudo y grotesco.
Wall Street Journal - So, Saddam Is Dead . . . But the way of the world remains Saddam's.
Vatican Information Service - Ejecución de Saddam Hussein: una noticia trágica. / Zenit - La Santa Sede reitera su rechazo de la pena de muerte. En el marco de la ejecución de Saddam Hussein.
New York Times - Sunnis Protest Over Saddam Execution / Angry Protests in Iraq Suggest Sunni Arab Shift to Militants. (En USA están atentos hoy al entierro del ex-presidente Gerald Ford).
BBC - Video shows taunts at execution. / Iraq investigates Saddam footage.
The Times - Saddam execution video is 'deplorable', says Prescott.
Le Monde - Des cris de vengeance à la mort de Saddam Hussein.
El País - Sadam Husein se encaró con su verdugo antes de morir ahorcado en el patíbulo. (En España están hoy atentos al atentado de ETA, sus víctimas mortales y el fracaso del "proceso" buscado por Zapatero).
El Mundo - El Gobierno de Irak ordena investigar el vídeo de la ejecución de Sadam Husein.
Repubblica - Saddam, choc per il video 'segreto'. Insultato dai boia prima di morire.
Il Corriere della Sera - Grida, insulti e scherno sul patibolo di Saddam.
Der Standard - Ein Video der Hinrichtung Saddams zeigt den Irak in einem katastrophalen Licht.