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22 mayo 2007

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Señor García Noblejas,
Leo detenidamente su blog desde hace varios meses. Entiendo su postura, puesto que usted pertenece a una organización católica. Pero en este comentario, creo que se ha pasado un poco. No puede tildar de pseudo-periodístico ni pseudo-informativo un asunto por el mero hecho de que saque a la luz irregularidades de la Iglesia. Eso sí que es manipular las palabras, perdóneme usted. Si tanto valor dice usted que le otorga a la verdad, empiece a predicar con el ejemplo. Todos sabemos ya que ni el Vaticano ni la Iglesia se salvan de escándalos sexuales, es la hipocresía de siempre.
Muchas gracias,
Ignacio

Gracias, Juan José, por la amplia cita y tus generosas palabras. El problema, en efecto, no es negar la evidencia de los delitos, sino llamar la atención sobre su instrumentalización. Yo vi el documental original y me parece claro que, en este caso, el objetivo fundamental era señalar a Ratzinger como culpable de ocultación de crímenes. Hay una evidente tergiversación sobre el sentido de un documento del Santo Oficio, “Crimen sollicitaciones”, que se lo presenta como si se tratara de un truco para esconder abusos, cuando en realidad –si se lee el texto- es todo lo contrario: incluso se pena con la excomunión a quien no denuncie esos crímenes. En todo caso, aun con una lectura sesgada, está el dato de que tal documento es de 1962, veinte años antes de la llegada de Ratzinger al Santo Oficio. Cordiales saludos,

Amigo Ignacio,
muchas gracias por ser lector asiduo de este blog, y desde luego por hacerlo con detenimiento. Y también, de nuevo, gracias por entender mi postura.

Con todo, he de decir que tal postura proviene básica y simplemente de pertenecer -por así decirlo- a la organización académica y profesional de la Comunicación pública. Tengo unos cuantos lustros a la espalda en esos menesteres e instituciones. La adscripción católica -por su parte- viene más de lejos, con el bautismo y espero que llegue más lejos, con la extremaunción y más allá...

Yendo al grano, entiendo que lo dicho en esta anotación tiene su fundamento en la realidad de la Comunicación pública. Realidad rica en profesiones (que básicamente son: periodismo, publicidad, propaganda o comunicación institucional, y ficción en general). Se trata de empeños profesionales que es mejor no mezclar mucho, ni desde luego confundir en una especie de "totum revolutum" o río revuelto en el que todo vale.

No sé si recuerdas la película, excelente, de Michael Mann, "The Insider". En un determinado momento, Mike Wallace replica a una ejecutiva de su empresa que quiere decirle qué es lo propio de un periodista: "We work in the same corporation, doesn't mean we work in the same profession."

No es lo mismo la profesión de periodista que la de empresario, o -en el caso que nos ocupa- de propagandista ideológico. El señor Santoro tiene una larga ejecutoria pública y notoria en la Rai italiana como persona de partido. Fue y ejercía como representante del partido comunista italiano cuando este partido existía, y ahora anda en las cercanías de alguna de sus versiones más o menos edulcoradas o camufladas: quizá -no me consta cual es su carnet de partido, pero sí su apoyo a y en- "Rifondazione Comunista".

Este señor es muy libre de hacer lo que le plazca y le dejen hacer quienes le contratan y pagan, pero no está de más saber que una cosa es ser "conduttore" de un programa en la Rai llamado “Annozero”, y otra ser sin más, periodista, en vez de propagandista ideológico. Lo uno no trae necesariamente consigo lo otro. Y también es otra cosa distinta que -porque él mismo se autodefina como "informador", etc.- suceda que lo que salga de sus manos sea sin más "información" pura y limpia de prejuicios ideológicos, etc. Al menos la experiencia de los telespectadores italianos, que son los que le conocen bien, en este caso dice todo lo contrario.

Aun así, sigo diciendo que Santoro tiene todo el derecho del mundo a hacer y decir lo que le venga en gana, acerca de lo que le plazca, eso sí, en este caso, mientras ahora mismo alguien le deje hacerlo y decirlo en la televisión pública italiana, que es donde trabaja. Pero eso no implica que lo que diga y haga pueda llamarse, sin más, "información" o "periodismo". Eso sería un abuso del lenguaje y un engaño a quien no supiera de la constancia del enfoque ideológico (poco proclive a considerar con al menos neutralidad a la Iglesia como institución), un enfoque que condiciona la trayectoria del señor Santoro.

De ahí que entienda que no me dedico a manipular las palabras, como educadamente dices, pidiendo un perdón innecesario, pero resultón o bastante "Politically Correct". Y conste que esto lo digo desde luego sin ironías ni nuevas segundas intenciones de manipular palabras.

Por lo que respecta a la verdad, cierto que la valoro en mucho. Por eso ando buscándola racionalmente, aunque en estos terrotorios de la comunicación pública encuentre no pocos obstáculos, aventuras, sorpresas e incluso muchos espléndidos hallazgos inesperados.

De todas formas, como más o menos todo el mundo entiende, hay que saber de entrada que una cosa es el silencio y otra cosa es la mentira. Confundirlos sería empezar, sin querer, a manipular la realidad a través de las palabras. Quizá por falta de vocabulario, capacidad de razonar o lo que sea.

En la vida ciudadana, no todo es igual, ni todo se puede llamar igual, ni los sinónimos siempre hacen justicia a la realidad, ni dejar caer un "ya me entiendes lo que quiero decir", aunque sea hoy bastante "Politically Correct", baste para poder decir cualquier ocurrencia en cualquier circunstancia. Porque a lo mejor -suponiendo magníficas intenciones en todo el mundo implicado- alguien entiende algo distinto de lo previsto por quien habla. Por ejemplo, no se puede tomar la doctrina de la Iglesia como si fuera una ideología (política, social, etc.) más. Sencillamente porque la Iglesia ni es ni funciona como un partido político, o como una empresa o una ONG: es -de entrada- otra realidad, de infinito mayor calado.

Voy más a la sustancia. La Iglesia, en lo que tiene de institución humana (que es como se suele ver cuando se pretende identificar su doctrina con una ideología política), está de entrada plagada de seres humanos, que son los que la hacen: con buenas intenciones en todos, cabe suponer en principio, y luego con buenas, regulares y malas acciones en todos y cada uno. Los mortales, me parece, somos todos así. No somos como los personajes de los videojuegos o de las novelas rosas o cualquier literatura barata. Ni, ya puestos, tampoco somos como los personajes de la gran literatura.

Lo que llamas con bastante corrección política, "irregularidades", en la Iglesia católica suelen ser entendidas de ordinario -en sentido estricto- como pecados o faltas, más o menos graves unas que otras. Y para eso me parece que en la Iglesia está el sacramento de la confesión o penitencia y también, desde luego, el derecho canónico y desde luego -cuando algo tiene relevancia pública civil-, las leyes civiles, penales y demás, del lugar en que viva cada católico, sea clérigo o deje de serlo, esté donde esté en la geografía y jerarquía, en el "staff" o en la "line" de la institución.

Pero el caso es que no conozco ninguna institución (una familia, una empresa, una asociación de filatélicos, una fundación benéfica, etc.) que se dedique a hacer públicas las "irregularidades" de sus miembros, así, de entrada.

Si -pongamos- yo soy un jugador de fútbol, en principio no ando por ahí contando las "irregularidades" financieras, sexuales, o de cualquier otro tipo, de las gentes de mi equipo. Ni el equipo en cuanto tal, me parece, está obligado a hacerlo. Si eso fuera así, se había acabado buena parte de los campeonatos, que quizá podrían seguir jugándose en las cárceles o reformatorios, o con las gentes en libertad condicional.

Quiero decir que la pura y dura, la necesaria y obligada "delación pública" (que es algo que me temo traslucen, seguro que sin querer, tus palabras) es algo fomentado, en tiempos recientes, más bien por gobiernos totalitarios de sesgo marxista comunista, o nazi, etc.

Según el baremo que aplicas a la Iglesia, toda institución -sin salvarse alguna, de algún tipo, en toda la historia de la humanidad- resultaría ser hipócrita. Con esto, no pretendo desviar la cuestión: claro que hay hipocresía (no tanta ni tan "de siempre") entre personas eclesiásticas, entre el clero. Cierto que se podrían tomar más medidas para evitarla, corregirla, etc., hasta donde se pueda. Faltaría más. Como en todas partes y en cada institución y en cada persona. Pero un juicio global y total y definitivo parece una exageración, se mire como se mire.

Cierto que todos sabemos que hay y ha habido escándalos sexuales en la Iglesia. Todos sabemos, se me ocurre por ejemplo, del rey David, que se hace -digamos- con los favores sexuales de Betsabé y manda matar a Urías, el marido de ésta, para tener más libertad de movimientos. Y no sigo por ahí...

También es muy cierto que todos sabemos lo que pasó cuando llevan ante Jesús (a quien acusaron -por cierto- de todo, menos de impureza) una prostituta, y dice a los que se la presentan que el primero que esté libre de pecado, que tire la primera piedra... Y las gentes se fueron cabizbajas. Al menos no eran tan hipócritas.

Con los escándalos sexuales (o con los financieros, o políticos, deportivos, académicos, etc.) se escandaliza quien quiere y hasta el punto y la medida en que quiere escandalizarse. Hay quizá hoy más escándalos farisaicos que en tiempos de las disputas entre fariseos y publicanos. Y hay más descaro cínico. En Holanda, por ejemplo, andan ahora liados en aprobar legalmente la mayoría de edad con muy pocos años, para así tener menos delitos de pedofilía... Y así poder seguir haciendo lo mismo, pero sin escándalos públicos: misma miseria, pero manitas limpias... Identificar lo legal y lo moral no deja de ser una pantomima hipócrita, a mi modo de ver. Muerto el perro, se acabó la rabia. Desaparecido el menor de edad "legal", desaparecida la pedofilía. Bonito panorama.

En fin, volvamos a lo nuestro, en cuanto que tiene que ver con el dar (o no dar) conocimiento público de vicios y delitos. Y en cuanto tiene que ver de entrada con gentes que tienen información más o menos privilegiada, y adscripción ideológica conocida, y sobre todo tienen poder de disponer qué y cómo aparece en los medios de comunicación, sean o no profesionales del periodismo y la información. Con gente así, es patente que los escándalos resultan selectivamente tratados y aireados, cuando no fabricado a medida y sobre pedido.

Porque no son lo mismo los escándalos referidos a unas persona u otras, ni los que implican a unas instituciones u otras. Dependerá de ordinario, en un sistema más o menos normal del juego social reducido a puro juego de dominio político, de la proximidad o lejanía ideológica, económica, de las ventajas e inconvenientes, o de la conveniencia en quedar bien ante alguien denunciando y dando curritos moralizantes -en este caso que nos ocupa- a una institución como la Iglesia católica y su doctrina, etc. En unos casos, según sea la distancia entre denunciante y denunciado, el escándalo será proporcionalmente mayor o menor; en otros casos, el escándalo no existirá o será ocultado o enterrado, mientras que en otros, será proclamado a los cuatro vientos, y citado y difundido por todos los del mismo interés o parecer... Etc.

También es cierto que -además, por supuesto- hay genuinos profesionales del periodismo y de la información noticiosa, que no confunden su trabajo con la propaganda ideológica, o si lo hacen, lo dicen sin tapujos y sin envolverse en la bandera de una "imparcialidad periodística", como si en vez de ser vistos como personas que tienen algo que decir según su noble y leal modo de ver la realidad de las cosas, quisieran aparecer como sencillas, asépticas, neutrales e inocentes palomas mensajeras. Cosa que nadie es al hablar de las cosas de la vida.

Acabo. Muchas gracias por tu comentario, de veras, que ayuda a hacer un poco de ejercicio intelectual acerca de la hipocresía, entre otras cosas. Y de paso, "predicar con el ejemplo", como dices. Aunque quizá hubieras deseado otra "prédica", o que al menos no hubiera sido tan larga como estos párrafos. Pero ya sabes lo que pasa cuando se escribe a vuelamáquina. En fin, lo dicho: de veras, muchas gracias.

Perdón, pero olvidé decir, para completar la información, que -en todo caso- ese documento no está en vigor desde hace 24 años...

Diego,
las gracias a tí, por lo que escribes, y desde luego por estas dos puntualizaciones. Si fueran conocidas por los espectadores de la BBC y de la RAI, cambiarían sin duda el modo de ver lo que han visto o verán en esas u otras televisiones. ¿Sabían eso los autores del programa? ¿Lo sabrá Santoro? Un cordial saludo,

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